Mientras muere indolente la mañana
tu piel solo es recuerdo en los cristales.
¿Dormitan en tus pliegues cerebrales
palabras de mi boca ya lejana?
Del sueño mortecino y sus señales,
de tu mirada azul y su sabor,
el recuerdo persiguen con dolor
mis antiguos desvelos colegiales.
Grabé tu nombre un día en la madera.
Te juré amor eterno en el oído.
Esas palabras de niño atrevido
viven en un papel en mi cartera.
Dime: ¿sabes en qué se ha convertido
aquel amor ahora descolorido?
.
.
(Después de haber leído a Donna)
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Autor: Grial
Fecha: 26/12/2005 21:12.
Autor: El lector a la sombra
Fecha: 26/12/2005 21:45.
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