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Irène Némironsky, Suite francesa. La calle de los desconocidos a los que se acaba conociendo

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   El 20 de enero del año de 1942 se celebró en una villa a las afueras de Berlín la Conferencia de Wannsee, en la que se ultimó el plan para llevar a cabo la denominada “solución final al problema judío”, lo que suponía el traslado de los judíos europeos a campos de concentración del Este, primer paso hacia su eliminación total. Las actas de la reunión fueron descubiertas en marzo de 1947 por el equipo del fiscal de EEUU que recopilaba información para los juicios de Nuremberg (Mark Roseman, La villa, el lago, la reunión. Edit. RBA).

   En la ofensiva de verano de ese mismo año de 1942, los alemanes tienen como objetivo principal la conquista de los campos petrolíferos del Cáucaso y Estalingrado. Los ejércitos alemanes llegan hasta el Ebrus pero no consiguen alcanzar la frontera meridional rusa ni cortar la ayuda militar americana.

   La mañana del lunes 13 de julio de 1942, Victor Klemplerer va caminando por una calle de Dresde con Sara Kätchen a visitar una residencia de ancianos. No puede viajar en tranvía, medio de transporte prohibido a los judíos. En su diario anota lo siguiente: “Por el camino creímos durante unos minutos que un joven (¿Gestapo?) nos seguía; nos había adelantado y mirado de un modo sospechoso, se quedó parado delante de un escaparate; hasta que no torció por una bocacalle no nos quedamos tranquilos” (Víctor Klemperer, Quiero dar testimonio hasta el final. Diarios 1942-1945. Vol. II. Edit. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). Su mujer, Eva, dada su condición de aria, ha podido realizar el trayecto hasta la residencia en transporte público.

   Ese mismo día del 13 de julio del año 1942 unos gendarmes franceses detienen a Irène Némironsky en su casa de Issy-l'Évêque. La familia Némironsky había abandonado París la víspera del día 1 de septiembre de 1939, día en que Alemania invade Polonia, iniciando así la Segunda Guerra Mundial. Iréne y Michel Epstein, su marido, habían decidido llevar a sus dos hijas, Denise y Élisabeth, al pequeño pueblo de Issy-l'Évêque, de donde es su niñera, Cécile Michaud, y dejarlas allí a cargo de la madre de esta. Iréne y Michel vuelven a París y visitan con frecuencia a sus hijas, hasta que se establece la línea de demarcación en 1940.

   Los Némironsky son censados como judíos por las autoridades francesas en 1941. Michel no puede seguir trabajando en la banca ni Iréne, que por aquellas fechas era ya una novelista de prestigio reconocida por la crítica e incluso traducida al alemán, puede seguir publicando. La ley sobre los ciudadanos extranjeros de raza judía promulgada en 1940 estipulaba que los judíos pueden ser arrestados en su domicilio o internados en campos de concentración.

   El matrimonio abandona París y se instala con sus dos hijas en un hotel en Issy-l'Évêque, donde también se alojan soldados y oficiales de la Wehrmacht. Después de vivir un año en el hotel, alquilan una casa en el pueblo. Iréne consigue que su editor le publique varias novelas cortas con pseudónimo, y durante 1941 y 1942 inicia su obra más ambiciosa, Suite francesa, que concibe en cinco partes, pero de las que solo logrará terminar dos.

   El 13 de julio de 1942 los gendarmes a las órdenes del gobierno de Vichy detienen a Iréne. El 16 es internada en el campo de concentración de Pithiviers. Al día siguiente es deportada en el tren número 6 a Auschwitz. Es asesinada el 17 de agosto de 1942.

   Michel Epstein es detenido en octubre de 1942. Fue deportado a Auschwitz el 6 de noviembre del mismo año y ejecutado nada más llegar.

   Cuando arrestaron a Michel, los gendarmes se dirigieron a la escuela a buscar a sus dos hijas, pero estas lograron escapar del acoso escondidas por su institutriz en conventos y refugios de provincias. En su peregrinaje las dos niñas nunca se separaron de la maleta de piel marrón de su madre, que guardaba su ropa, fotos, cartas y diversos cuadernos y papeles sueltos escritos con una apretada letra. Sus hijas siempre creyeron que esos papeles eran un diario de su madre, pero en realidad eran el manuscrito de Suite francesa, que la autora había escrito con una letra minúscula para economizar papel.

   Denise Epstein, que hoy cuenta 75 años, ha recordado que cuando terminó la guerra ella y su hermana acudían a diario a la Gare de L’Est para ver si sus padres regresaban entre los supervivientes de los campos. Tuvieron que pasar varios años para que conocieran las circunstancias reales de la muerte de sus padres.

   Los papeles de la maleta permanecieron en el fondo de un armario hasta 1980, año en que Denise los empezó a leer y se dio cuenta de que lo que ella creía un diario era en realidad una novela. Todavía hubo que esperar hasta 2004 para que se decidiera a dar el texto a la imprenta.

   Suite francesa es una novela organizada en dos partes (Tempestad en junio y Dolce). En la primera se describe en breves capítulos la evacuación de París por parte de diversos personajes, de una manera coral. Así, vemos las diversas reacciones de una familia  de la alta burguesía, de un célebre escritor y su amante, de unos empleados de un banco que tienen un hijo en la guerra, de un coleccionista de antigüedades, etc. Es la derrota y el caos, los momentos de incertidumbre en los que nadie sabe realmente lo que sucede. La segunda parte varía el enfoque. Ahora la acción se desarrolla en el pueblo de Bussy, próximo a Dijon, y se nos narra la ocupación y la convivencia entre alemanes y  franceses, en ocasiones forzados a confraternizar.

   Némironsky ha escrito una novela en la que afloran el sustrato moral y social que mueve a los individuos en una época convulsa. Eso fue lo que le tocó vivir y sobre lo que escribe, y lo hace al mismo tiempo que está pasando y sin pasión —casi notas del natural—, distanciadamente, de tal manera que el lector se erige en testigo de unos acontecimientos que han permanecido vivos en el interior de una maleta marrón, que afectaron a hombres y mujeres brutalmente zarandeados por el horror y la miseria de la guerra.

   En la página 44 de la edición española, uno de los personajes de la novela, el escritor Gabriel Corte, pronuncia estas palabras: “Una novela tiene que parecerse a una calle llena de desconocidos por la que pasan no más de dos o tres personajes a los que se conoce a fondo”.

   Suite francesa es una de las calles más importantes de la narrativa europea de la segunda mitad del convulso siglo XX. Déjense llevar de la mano de la autora por ese fascinante mundo de esta novela. El paseo por ella merece realmente la pena.

   La edición española contiene dos interesantes apéndices al texto: las notas manuscritas de la autora y unas cartas (1936-1945), documentos que ayudan inestimablemente a la contextualización y comprensión del texto.

   Reseña de Francisco Solano en el suplemento Babelia del diario El País (5/11/2005).

   Una visión de la escritora por Octavi Martí, suplemento “Domingo” del diario El País (5/12/2004).

   Reseña de Rafael Narbona en El Cultural del diario El  Mundo (17/11/2005).

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Irène Némironsky, Suite francesa. Edit. Salamandra. Barcelona 2005. 473 páginas. 19 €.

Domingo, 02 de Julio de 2006 00:38 El lector a la sombra #. Las lecturas del lector a la sombra

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gravatar.comAutor: Palimp

Cuando leí este libro no sé que me impactó más, si la novela o la historia de la escritora. Una lectura muy recomendable. Es un placer leerte de nuevo.

Fecha: 02/07/2006 12:01.


gravatar.comAutor: solodelibros

Escelente entrada. Por otra parte estoy totalmente de acuerdo con lo de “Una novela tiene que parecerse a una calle llena de desconocidos por la que pasan no más de dos o tres personajes a los que se conoce a fondo”. Saludos.

Fecha: 18/07/2006 12:08.


Autor: Portorosa

Basta con leer tu resumen de su historia para volver a sentir de nuevo la ira y la vergüenza que aquella ignominia provocan. Nunca se dirá lo suficiente, todo eso.

Un abrazo.

Fecha: 27/07/2006 01:36.


gravatar.comAutor: Claudia

Una obra extraordinaria. Las cartas marcan la realidad feroz de aquella época. Me conmueve la bondad de las personas que ayudaron a sus pequeñas hijas. Me duele en lo más profundo el holocausto que no sólo los nazis son responsables sino todos quienes colaboraron con acciones u omisiones en ayuda a tan satánico régimen.

Fecha: 31/07/2009 17:49.


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