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Leyendo a la sombra

Nunca se lee en vano

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Mujer leyendo en el metro

    Regreso a casa en metro después de haber asistido a la representación de Cinco horas con Mario, adaptación teatral de la novela del mismo título de Miguel Delibes. Es la tercera o cuarta vez que veo esta obra. En este caso, interpretada por Natalia Millán, en el madrileño teatro Arlequín. Hemos ido los profesores de Lengua con los alumnos de 2º de Bachillerato. Algunos dicen que les ha gustado, pero no estoy muy seguro de que sea así. A la salida nos despedimos hasta el lunes.

    Cojo el metro en la estación de Plaza de España. Son las 22:30 y está lloviendo en Madrid. Enseguida reparo en una mujer joven que lee un libro con la espalda apoyada en un lateral del vagón. De vez en cuando sonríe enfrascada en su lectura. Siento curiosidad por saber qué lee. Lleva las uñas pintadas de azul y el pelo de color caoba, un color que brilla extrañamente bajo la fría luz de neón. No va maquillada, o al menos así me lo parece. A sus pies reposa una mochila que intuyo con libros y apuntes.

    Pasa las páginas sin levantar la vista del libro, entonces reparo en lo que está leyendo: El camino, una novela de Delibes. Me sorprende que una mujer joven lea esta novela. Me hubiera gustado preguntarle qué le parecía la historia, por qué la estaba leyendo y si había leído algo más de ese autor. Decirle también que, ¡vaya casualidad!, yo venía de ver una adaptación teatral de una famosa novela suya.

    He mirado alrededor y nadie, excepto ella, iba leyendo en el vagón.

    En una de las paradas quedó libre un asiento. La mujer cerró el libro, lo metió en la mochila y se sentó. Antes de cerrarlo echó un rápido vistazo a las páginas que le quedaban para finalizar la lectura. A punto he estado de decirle que muy pocas, un par de empujones más y terminaba el libro.

    En el reverso de la entra del teatro he escrito la dirección de este blog y antes de salir en mi estación se la he dado. Me ha mirado un poco sorprendida por lo inusual del gesto, y ha cogido la entrada. He salido del vagón y allí se ha quedado, siguiendo su viaje. Espero que dé significado a ese gesto y pueda leer esto, lo que me hubiera gustado decirle:

    Verte leer a las diez y media de la noche esa novela de Delibes es reconfortante, verte sonreír lo es aún más. Ese libro habla de un mundo muy lejano para ti, pero los sentimientos y emociones que contiene los has hechos tuyos ya, y eso, esta noche lluviosa y fría del mes de diciembre de Madrid, te ha convertido a mis ojos en alguien diferente a todas las demás personas que viajaban en ese vagón de metro. Por un instante he sentido que algo indefinible me unía a ti, un hilo que nacía en Daniel, el Mochuelo, y terminaba en Carmen Sotillo, que los dos formábamos parte de esa cofradía de lectores que de vuelta a casa, leen en el metro, y no sienten que viajen por el subsuelo de Madrid, sino que viajan en su lectura, entre las páginas de un libro. Dos personas tan diferentes, que no han intercambiado una palabra, que tal vez no se vuelvan a cruzar jamás, han vibrado y volado por los mundos de Delibes esta desabrida noche de Madrid. Eso tal vez no sea nada, o tal vez sea mucho.

    Con todo, verte leyendo ha hecho que me sintiera menos solo en ese vagón de metro a las once de la noche de este viernes de diciembre.


Sábado, 15 de Diciembre de 2012 01:55 El lector a la sombra #. sin tema

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gravatar.comAutor: Meritxell

Maravilloso. La magia de los libros sigue en nuestras vidas. Esa chica a lo mejor nunca se ha sentido tan protagonista de un relato tan hermoso. Ojalá lo pueda leer algún día.

Saludos.

Fecha: 27/03/2013 21:01.


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