Facebook Twitter Google +1     Admin

Leyendo a la sombra

Nunca se lee en vano

Temas

Enlaces

Archivos

 

Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2012.

Mujer leyendo en el metro

    Regreso a casa en metro después de haber asistido a la representación de Cinco horas con Mario, adaptación teatral de la novela del mismo título de Miguel Delibes. Es la tercera o cuarta vez que veo esta obra. En este caso, interpretada por Natalia Millán, en el madrileño teatro Arlequín. Hemos ido los profesores de Lengua con los alumnos de 2º de Bachillerato. Algunos dicen que les ha gustado, pero no estoy muy seguro de que sea así. A la salida nos despedimos hasta el lunes.

    Cojo el metro en la estación de Plaza de España. Son las 22:30 y está lloviendo en Madrid. Enseguida reparo en una mujer joven que lee un libro con la espalda apoyada en un lateral del vagón. De vez en cuando sonríe enfrascada en su lectura. Siento curiosidad por saber qué lee. Lleva las uñas pintadas de azul y el pelo de color caoba, un color que brilla extrañamente bajo la fría luz de neón. No va maquillada, o al menos así me lo parece. A sus pies reposa una mochila que intuyo con libros y apuntes.

    Pasa las páginas sin levantar la vista del libro, entonces reparo en lo que está leyendo: El camino, una novela de Delibes. Me sorprende que una mujer joven lea esta novela. Me hubiera gustado preguntarle qué le parecía la historia, por qué la estaba leyendo y si había leído algo más de ese autor. Decirle también que, ¡vaya casualidad!, yo venía de ver una adaptación teatral de una famosa novela suya.

    He mirado alrededor y nadie, excepto ella, iba leyendo en el vagón.

    En una de las paradas quedó libre un asiento. La mujer cerró el libro, lo metió en la mochila y se sentó. Antes de cerrarlo echó un rápido vistazo a las páginas que le quedaban para finalizar la lectura. A punto he estado de decirle que muy pocas, un par de empujones más y terminaba el libro.

    En el reverso de la entra del teatro he escrito la dirección de este blog y antes de salir en mi estación se la he dado. Me ha mirado un poco sorprendida por lo inusual del gesto, y ha cogido la entrada. He salido del vagón y allí se ha quedado, siguiendo su viaje. Espero que dé significado a ese gesto y pueda leer esto, lo que me hubiera gustado decirle:

    Verte leer a las diez y media de la noche esa novela de Delibes es reconfortante, verte sonreír lo es aún más. Ese libro habla de un mundo muy lejano para ti, pero los sentimientos y emociones que contiene los has hechos tuyos ya, y eso, esta noche lluviosa y fría del mes de diciembre de Madrid, te ha convertido a mis ojos en alguien diferente a todas las demás personas que viajaban en ese vagón de metro. Por un instante he sentido que algo indefinible me unía a ti, un hilo que nacía en Daniel, el Mochuelo, y terminaba en Carmen Sotillo, que los dos formábamos parte de esa cofradía de lectores que de vuelta a casa, leen en el metro, y no sienten que viajen por el subsuelo de Madrid, sino que viajan en su lectura, entre las páginas de un libro. Dos personas tan diferentes, que no han intercambiado una palabra, que tal vez no se vuelvan a cruzar jamás, han vibrado y volado por los mundos de Delibes esta desabrida noche de Madrid. Eso tal vez no sea nada, o tal vez sea mucho.

    Con todo, verte leyendo ha hecho que me sintiera menos solo en ese vagón de metro a las once de la noche de este viernes de diciembre.


Sábado, 15 de Diciembre de 2012 01:55 El lector a la sombra #. sin tema Hay 1 comentario.

Teju Cole, Ciudad abierta

20121223000100-ciudad-abierta.jpg

Teju Cole, Ciudad abierta

Traducción de Marcelo Cohen

Edit. Acantilado. Barcelona, 2012. 295 páginas. 22 €.

 

    Los amores que matan nunca mueren —Joaquín Sabina dixit—, y esta novela nace del amor a la ciudad de Nueva York, sus gentes, sus luces y sus sombras y el aire que sus habitantes respiran. El lector de esta novela recorre su epidermis en los paseos que refiere el protagonista por las calles, parques, cruces, estaciones de metro… Pero también recorremos la dermis, esa parte interna del protagonista a través de sus pensamientos, emociones y contradicciones.

    Diríase que como en un cuadro de Edward Hopper, lo que se ve da paso a lo que no se ve, y ese hombre que pasea solo por las calles, plazas y parques de la ciudad de Nueva York, que deambula cruzándose con gentes, embebido en sus pensamientos, nos transporta de su viaje exterior a su viaje interior. Y aquí radica uno de los atractivos de la novela, esa doble piel, ese doble paisaje, el mundo de fuera y el de dentro, los dos igual de complejos, misteriosos. Ambos llenos de zonas grises que nunca se aclaran del todo, como velados en un sutil juego de escamoteo. Los meandros del pasear y los meandros del recordar, entrelazándose sutilmente, apenas sin artificio, de manera natural.

    Este hombre es Julius, un psiquiatra nigeriano, que está haciendo la residencia en un hospital de la ciudad. Recorre la piel de la gran manzana a cualquier hora, unas veces a la tarde, después de la salida del trabajo, otras por la noche. En una ocasión casi al amanecer, después de una fiesta. En ese recorrido la mirada de este hombre de color se proyecta sobre los demás, con los que establece relaciones esporádicas, momentáneas. Con otros mantiene una relación intermitente, como ocurre con el viejo profesor de literatura. La narración avanza así en digresiones surgidas de ese deambular por la ciudad, los encuentros y los recuerdos, como el de Nadège, la mujer con la que mantuvo una relación, o la abuela alemana de la que hace años que nada sabe, y de la que intuye que fue violado por un soldado soviético.

    Esas digresiones se orientan hacia la política, la literatura, la música… Tejiendo un sugerente entramado narrativo que de alguna manera atrapa y envuelve. En ese tejer la historia, el paisaje y los personajes, el lector va topándose inopinadamente con paisajes urbanos que se van entretejiendo con las reflexiones del narrador, que en su soledad dirige la mirada hacia los demás, principalmente inmigrantes, gentes diferentes como él (africanos, asiáticos, árabes). Así va fluyendo la historia, lentamente, como una caricia sobre la piel de Nueva York.

    Ciudad abierta es una buena muestra de esa narrativa del yo, muy cercana a la autoficción y a la novela-ensayo. Los lectores la disfrutarán, sin duda, pues no hay nada como un paseo lento para disfrutar, a través de esa sutil mirada, del paisaje y el paisanaje de esa ciudad, acaso extraña metáfora de un nuevo mundo.

.

Editorial Acantilado

El autor habla de su novela en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

Empieza a leer Ciudad abierta


Domingo, 23 de Diciembre de 2012 00:12 El lector a la sombra #. Las lecturas del lector a la sombra No hay comentarios. Comentar.


Miradas de agua

 

 

Miradas de agua transparente la que no refleja tu mirada sino que deja ver el fondo más allá del fondo el agua de la imaginación la que arrastra los recuerdos y te deja ver el futuro la que remonta el curso del río hasta el nacimiento del manantial agua que mana y emana vida agua solo agua y nada más que agua ojos de agua labios de agua manos de agua abrazos de agua en el fondo del agua no está el fondo está la mirada clara nunca turbia la que no contiene pasado solo porvenir

Martes, 25 de Diciembre de 2012 21:29 El lector a la sombra #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris