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Shoah, película de Claude Lanzmann (o sobre la dificultad de la representación del Holocasusto)

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Generalmente se sostiene que la representación de un objeto nada nuevo añade al mismo, si bien su contemplación puede producir alteraciones o cambios en el espectador. En este sentido, dada la extremadamente difícil relación entre forma y contenido en un hecho de semejante magnitud como fue el exterminio de seis millones de personas debido a su condición de judíos, se ha cuestionado en muchas ocasiones la representación artística del Holocausto.Afirmaba Eli Wiesel, uno de los supervivientes, que la enormidad de la empresa asesina perpetrada por los nazis había privado a la historia de palabras para describirla. En esta ausencia de palabras podríamos encontrar una de las primeras claves de esa enormidad: el exterminio fue de tal magnitud que los verdugos sabían que nadie que lograra sobrevivir iba a ser creído, y lo que no se nombra no existe. Eso explicaría la resistencia a la verbalización de la experiencia sufrida por muchos de los supervivientes: carecían de palabras para nombrar lo que era imposible nombrar.Surge entonces el problema de cómo representar esa imagen del campo de concentración, del horror absoluto, cómo testimoniarla, cómo hacerla visible, cómo hacer corresponder el acontecimiento histórico y su expresión. En definitiva, ¿es posible representar artísticamente aquel horror sin traicionarlo, sin convertirlo en un simple hecho estético? Y, en caso de que ello sea posible, ¿las obras artísticas cuyo tema sea el Holocausto, qué exigencias formales han de cumplir?

Hemos visto y conocemos sobradamente manifestaciones artísticas, tanto cinematográficas como literarias, que tienen como referente el exterminio, es decir, que han hecho de la barbarie y la muerte del campo de concentración su tema. Incluso los autores de muchas de esos textos, sobre todo aquellos de carácter literario y memorial, han sido los propios protagonistas, los supervivientes, los que han hecho de la memoria el objeto de su propia permanencia entre nosotros después de los terribles acontecimientos a los que sobrevivieron (Primo Levi, Jean Améry, Robert Antelme, Roman Frister, Imre Kertész, etc.).Pero la expresión audiovisual es más compleja en este sentido que la literaria. El cine y la televisión pertenecen a la industria de la cultura de masas, en expresión de Umberto Eco, y esta pertenencia anula su legitimidad para representar el Holocausto, pues la mercantilización de la cultura es sinónimo de canalización y desmemoria ya que esa mercantilización convierte todo sentido real de historia y memoria en espectáculo y entretenimiento. Así, las series de televisión o las películas de la industria de Hollywood estarían imposibilitadas para asumir las tareas de esclarecimiento, educación o concienciación asociadas a la transmisión de la memoria del Holocausto. En definitiva, existiría una incompatibilidad elemental entre la comprensión racional, cognitiva de la historia y las representaciones emocionales o melodramáticas que ofrecen el cine y la televisión comerciales. De aquí se deriva la preocupación respecto a la “verdad” que ofrecen la televisión y el cine, ya que con demasiada frecuencia desdibujan peligrosamente la línea divisoria entre ficción y realidad. La crítica de Elie Wiesel a la famosa serie televisiva Holocausto se inserta en estos parámetros. En un artículo en el New York Times titulado La trivialización de la memoria: mitad hecho, mitad ficción, afirmaba lo siguiente:

“Me espanta la idea de que un día el Holocausto será medido y juzgado a partir de la serie de la NBC que lleva su nombre. El Holocausto debe ser recordado pero no como serie de televisión.”

Lo que le preocupaba a Wiesel es que el acontecimiento histórico sería eclipsado e incluso sustituido por su representación fílmica, por una simulación. No olvidemos que la televisión “fabrica” realidades, y lo que no sale en ella simplemente no existe. La misma crítica podríamos hacerla extensible a la famosa película La lista de Schindler.

Parece entonces que las únicas imágenes posibles que cabe admitir para la expresión del Holocausto serían las de archivo, pues a estas no se les puede negar su capacidad de documento histórico no ficcional dado, en un principio, su fuerte carácter referencial. No obstante, también existen reservas respecto al uso de dichas imágenes en las producciones audiovisuales sobre el exterminio de los judíos, y sobre ello se han hecho varias consideraciones:

a) Las imágenes históricas documentales que existen sobre el Holocausto (selecciones en andenes, guetos, campos de concentración) fueron en su gran mayoría realizadas por los SS, y aunque sean empleadas en contextos de producción y recepción diferentes, siguen inevitablemente proyectando la imagen distorsionada que los nazis querían dar de sus víctimas. Esto no solamente es un problema para el cine documental, sino también lo ha sido para el cine de ficción, ya sea porque éste ha incorporado imágenes de archivo (como en la serie Holocausto) o porque ha recreado estas imágenes con actores (como es el caso de La decisión de Sofía o La Lista de Schindler).

b) Las imágenes de la liberación de los campos se convirtieron equivocadamente en iconos del Holocausto,  pero fueron grabadas por los aliados en los campos occidentales (Bergen Belsen, Dachau, Buchenwald, etc.) y no en aquellos en los que tuvo lugar exterminio, los campos del este. Por ello no deberían ser empleadas para representar el Holocausto.

c) El horror de las imágenes de los campos liberados, mostrado con esa crudeza realista produce un efecto de irrealidad y bloquea la capacidad de conocimiento del espectador.

d) Esta misma crudeza de las imágenes desposee a las víctimas de la dignidad debida, y ofrece la imagen deshumanizada de reducción a meros cuerpos en que los nazis los convirtieron.

¿Es posible, entonces, un cine sobre el Holocausto, sobre el mal absoluto, como lo definió Claudio Magris (DACHAU, 1942 ¿El mal absoluto? En esa carta. Diario El País, 15/3/2003)? ¿Es posible, en definitiva, superar la aporía de Auschwitz? Tal vez encontremos en Shoah, la monumental película del francés Claude Lanzmann, las respuestas.

Shoah (1985) es la respuesta cinematográfica al problema de la representación del Holocausto, una reconstrucción de la ignominia sin caer en lo mórbido. Lanzmann empezó a construir su película desde la nada, con el único objetivo de descubrir qué sucedió en el interior de la cámara de gas mediante un método que no se basa en la reconstrucción, como hace Spielberg, sino en la encarnación mediante la memoria. Empezó a trabajar en la película en 1974 y la finalizó en 1985. El material sumaba 350 horas y el montaje le ocupó unos cinco años. La versión definitiva de más de nueve horas se estrena en el festival de Cannes en 1985, y desde entonces ha estado en permanente circulación por el mundo.

Lanzmann considera a los supervivientes del Holocausto como “revenants”, los que regresan, seres que han traspasado el umbral de la muerte y que después de vagar por el mundo como zombis deciden dar su testimonio. El director no ha querido actores ni escenarios artificiales de campos o guetos ni imágenes históricas, sólo supervivientes y lugares tal y como se conservan en la actualidad. La película es un alegato contra el olvido, pues, ¿acaso el Holocausto no fue la negación de una identidad?, ¿no fue el exterminio industrial de un pueblo? Contra ese olvido se erige esta película en la que no hay un solo llanto infantil pero se escucha llorar a los niños, en la que todo el poder de la narración se deposita en los hombres y mujeres que hablan, que testimonian, y en su propio testimonio. El director visita los lugares e insta a los supervivientes a que los visiten, bien con la memoria, bien realmente. La película se convierte así en la construcción de la memoria y de la verdad.

Shoah se proyectó por primera vez en España en un cine de Madrid en 1987 durante dos días. El primer día unos revisionistas camisas marrones plantaron delante del cine un tenderete con libros que negaban el Holocausto. Al día siguiente un aviso de bomba impidió la proyección. Televisión española pasó la película a las dos de la madrugada en cuatro sesiones repartidas en cuatro semanas.

Hace dos años conseguí la edición en DVD de esta monumental obra de arte (4 discos en versión original con subtítulos en español). La vi en aquella ocasión y la he vuelto a ver estas pasadas Navidades, pero, a diferencia de aquel primer visionado, ahora la he visto de un tirón, con las pausas necesarias e inevitables de orden alimenticio o fisiológico. Ha sido realmente una experiencia sobrecogedora. Dudé antes de sentarme delante del televisor, dudé de mi capacidad para asimilar un mensaje tan complejo de forma continuada, dudé de mi capacidad de aguante, pensé que terminaría abominando de la película, pero cuando flaqueaba pensaba en que Lanzmann afirmaba que la película no es segmentable, como tampoco lo es un pensamiento. Fue realmente una experiencia extenuante y sobrecogedora.

En el año 2003 se publicó en España el texto íntegro de la película, que se incluye en la edición en DVD francesa.

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SHOAH. Un film de Claude Lanzmann.

9h 10mn. Versión original en francés. Subtítulos en francés, inglés, español y alemán. Formato de imagen 4/3. Les Films Aleph.

 

 

Martes, 31 de Enero de 2006 23:06 El lector a la sombra #. Miscelánea

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Autor: Portorosa

Ha valido la pena esperar.

Fecha: 01/02/2006 13:04.


gravatar.comAutor: ericka

me gustaria saber como puedo adquiir la pelicula y que se pueda ver en mexico

Fecha: 20/07/2006 07:47.


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