Me pregunto: si las víctimas de la violencia doméstica, o de género, o machista, o como se quiera llamar, fueran en su mayoría hombres, ¿cuántas asociaciones destinadas a combatirla no habrían surgido ya y cuántas voces en su contra no se habrían oído en multitudinarias manifestaciones apoyadas por partidos políticos y la Iglesia?
Son cientos las mujeres que ahora mismo cuentan con protección policial. Uno espera que estos agentes, con toda probabilidad hombres en la mayoría de los casos, sepan estar a la altura de las circunstancias, como casi siempre.