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Leyendo a la sombra

Miscelánea

Las gafas de Platón, novela podcast

Son las 00:00 horas del primer día de la era postmadrid2012. Estaba a puntito de meterme en la cama a leer el libro que tengo entre manos: Diálogo con la muerte. Un testamento español de Arthur Koestler y curioseando por aquí, por allá y por acullá en este territorio todavía casi ignoto de los blogs me acabo de encontrar con la existencia de una novela podcast titulada Las gafas de Platón.
Si alguno de ustedes piensa que el género narrativo estaba tocado y a punto de hundido, como hace tiempo que afirman algunos agoreros --Eduardo Mendoza dixit, sin ir más lejos--, olvídenlo. Las gafas de Platón abre una nueva vía, un nuevo camino, tal vez una brecha, que estas cosas no se sabe ni cómo empiezan ni cómo acaban. Lo mismo a los de la ONCE les interesa.
Hoy la noche ha caído sobre Madrid más negra que ayer. Los gatos han desaparecido, y los pocos que quedan, si es que aún queda alguno, no sienten nostalgia de Valle-Inclán ni de Max Estrella. A lo lejos no se escucha ese horizonte de perros que ladra lejos del río.
Acaba de empezar un nuevo día, el primero de la era postmadrid2012, y quiero empezarlo leyendo, no a la sombra, que es de noche, pero sí en la cama.

Madrid 2012 (II)

Madrid 2012 (II) Despejada la incógnita, el líquido viscoso caliente y húmedo del fracaso y el desamparo comienza a instalarse en las zanjas de las obras de este Madrid agostado por los rigores del mes de julio. Se pega a las paredes, amortiguando los sonidos de la ciudad, de tal modo que el anterior bullicio apenas es ahora un oscuro rumor ahogado por el ruido sempiterno del tráfico de calles y avenidas.
Madrid es en este verano una ciudad que no tiene reparo en mostrar sus intestinos a una ciudadanía paciente y misericordiosa, en esa suerte de exhibicionismo impúdico que son las múltiples obras con las que el Ayuntamiento tiene a bien recordarnos el poder omnímodo de las excavadoras: el gran monstruo enseña sus tripas.
Si el ladrillo, y por ende la construcción, representan una parte de nuestra economía, tanto la flotante y boyante como la sumergida y también boyante, la pregunta que flota en el aire es: ¿qué dirá ahora el trust de la construcción ante este fiasco? ¿Dónde estará ahora el gran negocio? Observen las caras de los mandamases del cemento, como Florentino Pérez, ¿por qué no dejan de sonreír?
Estas y otras preguntas me empiezan a calentar la cabeza. No me quedará más remedio que seguir a la sombra, eso sí: leyendo, y para no despistarme demasiado me llevo mi relojito de sol de pulsera. Claro que para saber la hora tendré que abandonar la umbría. ¡¡Uf, qué pereza!!

¿Madrid 2012?

Madrid,
ruido, contaminación,
indiferencia,
todo, nada,
música, ruido, obras,
el Madrid oficial y el Madrid real,
el de las manifestaciones por la familia, el del orgullo gay,
el del 11-M (y el del 23-F)
el de Sabina, el de Aute,
el de Alberto, el de Esperanza,
el de Zapatero, el de Aznar,
el de todos, el de ninguno,
el de los pisos de mil millones (de pesetas), el de las chabolas,
el de los atascos interminables que ni siquiera Cortázar llegó a soñar en París,
el que me mata, el que nos mata, el que cada día muere un poquito al atardecer,
el de Quevedo, el de Cervantes, el de Cela, el de Umbral,
el de “No pasarán”, el de “Ya hemos pasao”
el sofisticado, el paletillo,
el que me sacia y el que me harta.
...
Hoy, miércoles 6 de julio, cuando apenas quedan unas horas para que se decida (¿o ya se ha decidido?) si esta ciudad de Madrid será (o no) sede olímpica en el año 2012, me pregunto si toda esa gente que anda por allá, en Singapur, rozando la gloria, habrán estado, aunque sólo haya sido de paso, en el infierno.
Se tarda sólo un ratito: desde el Palacio de la Moncloa, unos veinte minutos; desde la Zarzuela, no llegará a treinta; desde la Puerta del Sol, como una media hora...
Ya se sabe, Madrid es lo que tiene, enseguida llegas a cualquier parte.

La poética de la libertad en el Quijote (y su recreación por Itziar, 7 años, residente en Madrid, aunque viguesa, amiga de sus amigas y futura lectora de la novela de Cervantes)

Una de las claves para entender el Quijote, como ya notaron los lectores del XIX, es la poética de la libertad, poética que Cervantes aplicó tanto a lo argumental como a lo formal en su novela.
En efecto, en su novela Cervantes, que sufrió cautiverio en Argel, como recordarán, configura un héroe que quiere restituir el ideal de justicia en aquellas situaciones y circunstancias en que este ideal ha sido conculcado de alguna manera. Para ello no repara ni en nada ni en nadie, como sucede en la aventura de los galeotes (Quijote I, cap. XXII), en la cual tiene lugar el siguiente diálogo entre el caballero y su escudero bastante esclarecedor de las intenciones del personaje:
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—Ésta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras.
—¿Cómo gente forzada? —preguntó don Quijote—. ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?
—No digo eso —respondió Sancho—, sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las galeras, de por fuerza.
—En resolución —replicó don Quijote—, como quiera que ello sea, este gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad.
—Así es —dijo Sancho.
—Pues desa manera —dijo su amo—, aquí encaja la ejecución de mi oficio: desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.
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Este es el espíritu que anima a don Quijote: deshacer injusticias y ayudar a los miserables, a los más débiles; la poética de la libertad explica la conducta del personaje.
Pero, por otra parte, también Cervantes escribe su novela bajo los parámetros de la libertad compositiva, como se pone de manifiesto en las historias intercaladas, los personajes de la segunda parte que han leído la primera (la literatura se hace vida y la vida literatura), el juego de mediaciones autoriales (un autor encuentra los papeles en árabe de otro autor cuando se le han acabado los documentos de los Anales Manchegos y que manda traducir) etc.; la poética de la libertad en lo formal nos ayuda a entender la escritura de la novela.

Si leen atentamente la recreación quijotesca que ha hecho Itziar en La nueva aventura de Don Quijote, lo entenderán perfectamente. Y también entenderán cómo, pese a los temores que manifiesta su padre, Itziar se está convirtiendo en alguien solidario, respetuoso, sensible hacia los otros, autónomo... en una persona que en su momento se encontrará con la novela de Cervantes y de alguna manera se reconocerá en ella.

Luna lunera

Luna lunera Hoy la luna se adueña del cielo, y en la inmensa negrura vacía será ella la protagonista por esta noche. Estimado lector (inciso: no sé a quién me dirijo, ¿me leerá alguien? me pregunto...), si estás ahí, al otro lado de la pantalla, no dejes de echar hoy una mirada a la luna y no envidies a Júpiter, que con sus dieciséis hubiera vuelto locos a los lunáticos y licántropos más exigentes.

Leer hacia el pasado, leer hacia el futuro

La literatura no consuela, pero puede servirnos de espejo en el que mirarnos y reconocernos, y a través del cual podamos establecer un fructífero diálogo con el texto, con otros lectores y, en última instancia, con nosotros mismos. La lectura, así, contribuye a hacernos, a construirnos, a levantar el armazón emocional e intelectual del que estamos hechos y del que estamos permanentemente haciéndonos. Aceptada esta idea de la literatura como formación, podemos hablar básicamente de dos tipos de lectura.
En primer lugar está una lectura hacia el futuro, anticipatoria, con la que leemos la vida, lo que nos ayudará después a vivirla, pues leyendo se aprende de alguna manera a vivir. La lectura deviene así en una auténtica educación sentimental.
La segunda es una lectura hacia el pasado que trata de explicar lo vivido reconstruyendo la memoria personal y social. Y aún cabe considerar una tercera: la lectura sobre la marcha, irreflexiva o de puro entretenimiento, leer para pasar el rato, sin mayores pretensiones.
En los años iniciales de formación, años de aprendizaje, prima la lectura anticipatoria, mientras que en la edad adulta lo que predomina es la lectura retrospectiva. Ahora bien, me pregunto si estos esquemas no estarán cambiando en la actualidad, pues parece que los lectores jóvenes tienden a ser menos, mientras que los adultos tienden a ser más. Es decir, se estaría empezando a imponer en el marco lector la lectura retrospectiva frente a la anticipatoria. Tal vez los lectores adultos sean bastante escépticos ante el futuro, y vivir al día es lo que se impone en este mundo tan complejo y a veces caótico, imprevisible. El futuro está ahí, sí, pero bastante tengo con soportar y administrar mi presente, sobrevivir a diario y encima entender mi pasado, no se me pida más; parece que vienen a decirse muchos lectores.
No es de extrañar, por tanto, que en este escenario de incertidumbre ante los destinos humanos se vaya imponiendo en una amplia franja de lectores esa tercera vía, la de la lectura como puro entretenimiento, literatura kleenex, de usar y olvidar, que no consuela, pero al menos distrae.
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PS: Lista de los libros de ficción más vendidos
1º.- La conspiración, Dan Brown.
2º.- La velocidad de la luz, Javier Cercas.
3º.- La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.
4º.- La mujer justa, Sandor Marai.
5º.- Pasión india, Javier Moro.
6º.- Ángeles y demonios, Dan Brown.
7º.- La pirámide, Henning Mankell.
8º.- El Código Da Vinci, Dan Brown.
9º.- En el blanco, Ken Follet.

Libros más solicitados en bibliotecas públicas:
1º.- Ángeles y demonios, Dan Brown.
2º.- El reino del Dragón de Oro, Isabel Allende.
3º.- Cabo Trafalgar, A. Pérez-Reverte.

(Fuente: Suplemento ABCD las artes y las letras, 11/6/05)