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Leyendo a la sombra

Nunca se lee en vano

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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Miscelánea.

Julieta Venegas, Debajo de mi lengua

 

Debajo de mi lengua se esconden las palabras

que revelan todo de mí.

Te podrían decir de mis inseguridades,

lo pequeña que me llego a sentir.

Pero hago todo por detenerlo,

es muy pronto para decir.

Todo lo que quiero se me escapa de las manos,

eso es lo que no quería admitir.

Todo lo que quiero se me escapa de las manos,

y no sé manejar lo que empiezo a sentir.

Debajo de mi lengua se esconderán mis miedos

a todo lo que no sé de ti.

Palabras peligrosas y estacas que intentan

todo quieren definir.

Pero hago todo por detenerlas. Es muy pronto

para decir

que todo lo que quiero se mes escapa de las manos.

Eso es lo que no quería admitir.

Que todo lo que quiero se me escapa de las manos

y no sé manejarlo todo. Lo que quiero se me

escapa de las manos.

Eso es lo que no quería admitir.

Todo lo que quiero se me escapa de las manos

y no sé manejar lo que empiezo a sentir.

Lunes, 05 de Enero de 2015 15:42 El lector a la sombra #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

¡Qué lectura tan divertida!

Martes, 11 de Junio de 2013 23:51 El lector a la sombra #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.


Cesta de la compra

Tanta gente sola, de Juan Bonilla (Seix Barral). Un excelente libro de cuentos para picar a deshoras. Excelente con cualquier bebida. Los entendidos recomiendan leerlo exclusivamente con café y por la tarde, siempre después de las seis. Por mi parte, puedo decir que he llegado a leerlo al mediodía, antes de comer, con cerveza bien fría y el resultado ha sido excelente. Los cuentos, la mayoría excelentes, arman una suerte de historia próxima a la novela. Es un libro del año 2009, pero no tiene fecha de caducidad, más bien al contrario, diríase que estos pocos años que han pasado sobre él le han venido muy bien.


Ayer no más, la última novela de Andrés Trapiello (Destino). Después de cenar, cuando la noche empieza a meterse en la noche y los niños y ancianos han desaparecido de las calles, es el momento perfecto para sentarse a leer esta novela. Si habéis leído ese libro imprescindible que es Las armas y las letras de este mismo autor, si habéis leído y discutido sobre la famosa ley de la Memoria Histórica promulgada por el gobierno de Zapatero, si os extraña que el Partido Popular no haya condenado el régimen de Franco, si en vuestra casa nunca se ha hablado de la guerra civil, en fin, esta novela os deparará momentos impagables. Escritura fresca, pero ojo: los aromas van aflorando poco a poco y hay que estar atento a ellos, y son muchos los matices. No quiero ser extravagante, pero leer este libro a la una o las dos de la madrugada mientras algunas cadenas de TDT exudan veneno con un descaro inaudito, le reconcilia a uno con la lectura.

 

 Todo a mil, Javier Gomá (Galaxia Gutenberg). Fantásticos tragos cortos de Filosofía. El libro se subtitula “38 microensayos de filosofía mundana”. En la distancia corta el libro se muestra imbatible, ensayos de unas mil palabras que obligan al lector a proponerse cuestiones y enfoques sobre aspectos de la realidad, sobre los que quizá nunca haya reflexionado, y si lo ha hecho, el libro le sugiere nuevas perspectivas. Una muestra: «El modo en que uno se gana la vida y–tan importante como lo primero– la disposición positiva o negativa, de conformidad, rebeldía o resentimiento respecto al deber de ganársela y el medio elegido por cada uno para hacerlo, dentro de las limitadas posibilidades que la sociedad le ofrece, determina esencialmente en el hombre la constitución de su personalidad y de su mundo interior». Con la que está cayendo y la que está por caer, con lo que les tenemos que oír cada día a los políticos que nos gobiernan y a los que se han quedado con las ganas de hacerlo, leer este libro nos humaniza y nos aleja de esos idiotas presuntuosos que ya no saben qué cosa sea la vergüenza, la ética y la dignidad. Un aperitivo fenomenal antes de ponerse delante de un plato poderoso. Cada vez estoy más convencido: la Filosofía tal como aquí se plantea debería ser objeto de estudio en el colegio, y desde una temprana edad.

Domingo, 28 de Octubre de 2012 23:12 El lector a la sombra #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Recuerda el lector...

    Recuerda el lector en estos días de verano la mirada de su padre y evoca la tertulia de las noches de julio y agosto, allá en el pueblo, en la que el tema de la guerra civil no tardaba en acudir a la memoria y se hacía presente en la conversación. El lector sabe que su padre y su tío Jesús disfrutan hablando de aquellos tiempos, y por ello, junto con sus primos, les hacen entrar al trapo, de modo que los recuerdos y vivencias de los dos hermanos se adueñan de la calurosa noche. El lector echa de menos esa tertulia y medita sobre el tiempo pasado, si fue o no mejor, y concluye sin devanarse demasiado los sesos que no, que ni mejor ni peor, vaya, que simplemente se perdió y ya no volverá. Y antes de que lo tilden de filósofo con recochineo, piensa que las cosas son como son y no hay más cera que la que arde, y que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, y tal. En fin.

    El lector recuerda al padre muerto y piensa si es mejor no pensar, o pensar en no pensar, y estos devaneos le recuerdan a Unamuno (el lector sabe que lo de este señor era pensar-pensar), que en cierta ocasión le dijo a alguien: "extravaga, extravaga, que más vale extravagar que vagar a secas". Y el lector siente que extravaga, que vaga e incluso divaga, y no sabe si acaso no le estará dando un acceso de melancolía o de misantropía, o vaya usted a saber de qué.

    Pero lo cierto es que el lector recuerda al padre recientemente fallecido y se siente un poco más solo. Esto, se dice en algunos momentos, va a ser que me estoy haciendo viejo.  Ay. A saber.

    Y el lector vaga y divaga por los meandros de su memoria y allí se encuentra con su tío Jesús, el hermano de su padre, que está regando el jardín unas veces y otras trabajando la madera en la carpintería. Al lector, de chico, le embelesaba ver a su tío en el taller de carpintería sacar virutas con la garlopa, y a nada que se lo proponga son muchos los recuerdos de su tío Jesús que salen a la luz como esas virutas. También aparece en el divagar un impresionante coche negro con chófer, su tío Benito le dice al niño súbete y vamos a ver las obras del depósito del agua. Y el niño no sale de su asombro en este su primer viaje en coche y no sabe qué le impresiona más, si el coche, el depósito o su tío Benito, y en su ternura infantil el niño cree que este hombre tiene que ser muy importante porque la gente dice que va a traer el agua al pueblo, y cuando el agua salga de un grifo y no del cubo del pozo la tía Mary podrá regar el jardín mejor y se cansará menos, y el lector la ve cojeando por entre los rosales con su mano impedida pegada a la cadera arrastrando la goma que lleva el agua a los parterres con su otra mano. Aquel jardín es muy grande en la memoria del lector y aunque este sabe que la memoria engaña, le da igual. Lo que no le da igual al niño que fue es la calavera que tenía su prima Marigel en la habitación de arriba, donde estudiaba en los veranos. Marigel iba para médica, pero el niño que fue mira con recelo aquello y le da repelús, lo toca y no entiende para qué querrá su prima eso.

    Es lo que tiene el verano…

 


Miércoles, 14 de Septiembre de 2011 20:27 El lector a la sombra #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Una nueva voz

Es filóloga.

Es joven.

Tiene mucho que decir.

Su voz te llegará y llegará lejos.

Está aquí...

 

PS: Y está totalmente cuerda.

 


Domingo, 26 de Septiembre de 2010 22:55 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Sin título I

 

 

Los linces no copulan cuando llueve

es un buen endecasílabo para un soneto ahora que el sol se enseñorea del paisaje.

El pasado es un negocio devaluado, la memoria le sale cara a más de uno. Para qué recordar, muchachos, con lo bonito que es el olvido.

Podría escribir los versos más tristes esta noche si tuviera ese estado de ánimo, pero no puedo evitar esbozar una sonrisa que me viene no sé de dónde.

Te tuve que decir no, lo hice por costumbre. El sí se me hace últimamente insoportable. No espero que lo puedas entender.

Déjalo, me dicen con frecuencia, el qué, respondo, es igual, insisten, tú déjalo.

Cada vez soporto menos los espejos, ni siquiera saben mentir.

Prefiero los ajustes de cuentos, sólo quiero que lo sepáis. Aunque estoy considerando muy seriamente prescindir de todo planteamiento inicial en favor del desarrollo y el desenlace.

Me dijo que sentía melancolía por su futuro. Cada vez entiendo menos a mis hijos.

La crisis nos agobia, se quejaba el dueño de la empresa, nos estamos acercando al límite en que el negocio deja de ser negocio. Lo miré y por un instante supuse que estallaría en carcajadas. Es lo que tiene el oficio de contable, me dije, perdemos el sentido del humor y el del amor (al prójimo).

A mí me gustaría saber qué piensa una cerveza

cuando le ponen una chapa en la cabeza.

 

Miércoles, 19 de Mayo de 2010 20:12 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Larga vida al libro

 

Sí, larga vida al libro. Y más en estos momentos en los que no faltan los agoreros de turno que pronostican que los nuevos soportes digitales acabarán con el libro tradicional. No lo creo. Y no lo creo porque estoy con Umberto Eco: hay objetos perfectos desde el momento mismo de su invención: la rueda, la cuchara, el libro...

Y el libro es un objeto perfecto. Convivirá tranquilamente con otros soportes, perderá terreno, pero no sucumbirá. Es más, me atrevería a decir que tal vez sea el único soporte con totales garantías de supervivencia. Dentro de cientos de años tal vez la información almacenada en formatos actuales no sea legible, como sucede ya con el video Beta, o VHS; quizás los CD o DVD de ahora sólo sean un inútil disco brillante de plástico, quizás ni eso: discos mates. Pero ahora podemos leer libros escritos centenarios. Ahí están, y ahí seguirán estando con otros muchos. Tal vez cambie la lectura, pero no cambiará el libro.

Y no sigo. Si lo hiciera, sus ojos podrían terminar como pelotas de golf. Pero abran las páginas de un libro y deslícense por sus palabras. Horas de placer garantizado. Déjate abrazar por las palabras, déjate acariciar por la lectura.

 

 

 

 

 

Lunes, 26 de Abril de 2010 21:22 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 2 comentarios.

La pequeña muerte

Dos manos, quizás una. Dos dedos, acaso uno. Una boca, también dos. Las miradas sobran, las manos son las que ven. Los labios hablan, callan las bocas. Y dibujos, recorridos por la piel con un destino conocido, a veces fingido, otras ignorado.

Hay un eco del temblor final que pronto se olvida, no os empeñéis en recordarlo, de nada vale. La geometría permanece, aunque no siempre hay simetría.

 

 

Lunes, 20 de Abril de 2009 13:34 El lector a la sombra #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Los progres, al descubierto (¡¡Por fin!!)

Ya está bien de seguir atado a esa rutina de ciudadano medio pendiente del saldo que aparece impreso en el resguardo del cajero a fin de mes, de continuar siendo una víctima del libre mercado, de padecer la globalización y creer que te puedes librar de ella, de ello, redimido por un boleto de lotería o unas columnas de primitiva.

Los tiempos oscuros están a punto de pasar a mejor vida y pronto conoceremos las claves para salir del oscuro agujero en que nos ha metido la historia, el euribor, las tendencias imparables del mercado y cómo se han puesto los precios.

Estamos a punto de conocer los secretos de esa clase de gente que pensabas que ya no existía, a la que creías sumida en el olvido de los nuevos tiempos: los progres. Sí, los progres, aquellos que cantaban esas canciones que aún eres capaz de tararear, los que se ligaban a la chica que te gustaba como quien no quiere la cosa, los que decían que ir a clase era un rollo, los que no estudiaban pero luego aprobaban más asignaturas que tú, los que se enrollaban con ese profe interino del departamento que les pagaba las cervezas en el bar de la facultad, aquellas cervezas que acabaron siendo certezas, pues ahora son los que dirigen esos departamentos, los mismos que viven en adosados en los barrios residenciales, hablan maravillas de su todoterreno, despotrican de la sociedad de consumo, el sistema capitalista y el cambio climático a la vez que pagan las cañas en la taberna de diseño con su visa oro.

Estos progres sin barba ni melena, sin trenca, con traje de Armani y pantalla de plasma, lista de la compra por Internet y ecuatoriana en casa recogiendo el dormitorio de los niños, que ahora votan a la gaviota sin un pestañeo, sin recordar los títulos de los libros de Marta Harnecker que se apilaban en su mesilla, y les ríen las gracietas a ese descubrimiento apellidado Pizarro, estos progres, digo, van a quedar expuestos a la mirada escrutadora de aquellos que lean este libro esclarecedor que puede cambiarles la vida. Sí, has leído bien: un libro que puede cambiar tu vida.

¡No desaproveches la oportunidad que este libro te ofrece por unos pocos euros!

Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos

Lunes, 24 de Marzo de 2008 23:08 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 3 comentarios.

El momento sublime

   Hay un instante en la recepción de la obra de arte en el que el receptor nunca estará tan cerca del creador y de su obra como lo está en ese momento.

   Es un momento fugaz, apenas un efímero instante, en que el lector ante el libro, o el espectador en el patio de butacas o el oyente en la sala de conciertos o el observador en un museo, siente ese algo inefable que lo conecta brevemente con la magia de la obra de arte, con el espíritu que alienta en el interior de la misma, con el creador en el instante mismo de la creación.

   Eso que se percibe en ese momento de conmoción, a veces tremendamente perturbador, es para muchos aquello mismo que el artista quiso que se sintiera en la captación de su obra. Es apenas un instante, pero un instante sublime, en el que el tiempo parece detenerse y todo lo demás deja de existir. Ciertamente, aunque este momento no es extensible a todos los receptores, y tampoco se pueda precisar con exactitud a quiénes, lo cierto es que sucede en ocasiones y así lo han podido experimentar determinadas personas acaso especialmente sensibles o dotadas en ese momento de una especial sensibilidad. Ese receptor, entonces, se siente también de alguna manera creador, pues está contribuyendo en su captación e interpretación al sentido de la obra, que adquiere así una plena dimensión de sentimiento y emoción.

   Esta idea de la recepción de la obra artística proviene del Romanticismo, movimiento artístico que, frente a lo que parece suceder en la actualidad, privilegiaba la manifestación de los sentimientos y en el que el artista era considerado un ser excepcional, dotado para la expresión de aquello que los demás no podían expresar. Es, por tanto, un concepto emparentado con el irracionalismo, que a su vez da entrada en el pensamiento decimonónico a los impulsos vitales, al poder de lo individual, aspectos definidores en cierta manera de la modernidad surgida con el Romanticismo y que se proyectará a lo largo de todo el siglo XX; una nueva manera de entender al individuo y sus impulsos vitales enfrentados a la racionalidad de un mundo objetivo, manera que se opone al concepto de consumidor del arte actual, banalización del arte y ligereza.

   En 1979 la psiquiatra italiana Graziella Magherini observó y describió más de cien casos de turistas visitantes de la ciudad de Florencia que sufrieron vértigos y desvanecimientos, especialmente en la Galleria degli Uffizi. Denominó al fenómeno “síndrome de Stendhal”, enfermedad psicosomática caracterizada por síntomas tales como una elevación del ritmo cardiaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones, que se producen cuando el individuo se expone a una “sobredosis de belleza artística” al contemplar esculturas, pinturas y obras maestras del arte. La patología descrita por la psiquiatra italiana debe su nombre a Stendhal, escritor francés del siglo XIX, quien describió detalladamente las sensaciones que experimentó en su visita en 1817 a la Basílica de la Santa Cruz en Florencia, Italia, y que publicó en su libro Roma, Nápoles y Florencia: “Saliendo de la Santa Croce sentí los latidos de mi corazón, la vida para mí se había acabado, caminaba temiendo caer”, escribe el francés. Resulta particularmente llamativo, afirma Magherini, que la mayoría de las personas aquejadas de este “mal” sean turistas norteamericanos.

   El síndrome de Stendhal es la más clara expresión expresión romántica de la contemplación de la belleza y la exuberancia del goce artístico, tal y como se manifiesta en las caras, gestos y actitudes de algunos de los espectadores que ven y oyen cantar a Farinelli “Lascia ch΄io piangia”, en la representación de Rinaldo, la ópera de Händel (Deja que llore/mi suerte cruel / y que añore la libertad), en una de las escenas más emotivas de la película de Gérard Corbiau. Más de uno habrá que piense, a la vista de ello, que no es exactamente una patología, sino un raro privilegio. 

    Los creativos que realizaron este anuncio publicitario para el modelo A8 de la marca de automóviles Audi supieron hacer un buen uso de ese halo de romántico misterio. Repárese en la voz en off que narra la sucesión de secuencias del vehículo envueltas en una sugerente melodía, secuencias todas ellas rodadas de noche, con un halo de niebla y misterio, paisaje de luces y sombras, para finalizar con un fundido a negro y un texto altamente significativo: “A veces la perfección resulta difícil de soportar”, toda una irracionalista declaración de principios, y una excelente lección de la unión efectiva de la referencialidad objetiva de las imágenes del coche y los diversos y subjetivos valores connotativos que a estas añaden la ambientación, la música y el texto. Realidad objetiva y perturbación de ánimo. Pregúntese el lector, pues, si este anuncio acaso no apela a ese otro yo más profundo y elevado que todos llevamos dentro, a ese algo de irracional que nos hace diferentes a los demás, a lo pasional y sentimental que en nosotros habita, esa zona oscura que a veces nos da miedo..., y todo surgido de la contemplación de un sofisticado producto tecnológico de nuestros días como es ese automóvil. ¿Acaso hay algo más contradictoriamente romántico que esto?

  

Recientemente, la siquiatra italiana ha descrito lo que denomina síndrome del David de Miguel Ángel, pero esto será objeto de otro comentario.

Viernes, 21 de Marzo de 2008 22:48 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Papás y mamás

Me pregunto: si las víctimas de la violencia doméstica, o de género, o machista, o como se quiera llamar, fueran en su mayoría hombres, ¿cuántas asociaciones destinadas a combatirla no habrían surgido ya y cuántas voces en su contra no se habrían oído en multitudinarias manifestaciones apoyadas por partidos políticos y la Iglesia?
Son cientos las mujeres que ahora mismo cuentan con protección policial. Uno espera que estos agentes, con toda probabilidad hombres en la mayoría de los casos, sepan estar a la altura de las circunstancias, como casi siempre.
Lunes, 17 de Marzo de 2008 14:28 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 2 comentarios.

Un interesante espacio sobre la Guerra Civil española

Les recomiendo esta interesante web sobre la Guerra Civil española, rigurosa, documentada y actualizada.

Con la intención de ser un sitio neutral y objetivo donde conservar la memoria de esos años difíciles, ofrece al visitante interesado en esta época de la reciente historia de España un sitio donde obtener información de lo más variada en un formato manejable y funcional. Cuenta, además, con foros en los que poder participar de una manera más activa. 

 

Viernes, 29 de Febrero de 2008 20:54 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Vuelve Eduardo Mendoza

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    Eduardo Mendoza, uno de mis novelistas actuales preferidos, está dando los últimos toques a su próxima novela, que se publicará a finales de marzo de 2008 con el título de El asombroso viaje de Pomponio Flato. En ella se narra el viaje de Pomponio por los confines del Imperio Romano en busca  de unas aguas de efectos portentosos. El azar del viaje lo lleva hasta Nazaret, justo en el momento en que va a ser ejecutado el carpintero del pueblo, convicto del brutal asesinato de un rico ciudadano. Pomponio es contratado para esclarecer el crimen por el más extraordinario de los clientes: el hijo del carpintero, un niño candoroso y singular, convencido de la inocencia de su padre, hombre en apariencia pacífico y taciturno, que oculta, sin embargo, un gran secreto.

   Parece que esta simbiosis de novela histórica, policíaca, y hagiografía, nos devuelve al Mendoza divertido de Mauricio o las elecciones primarias (Seix Barral, 2006) y La aventura del tocador de señoras (Seix Barral, 2001). Ya veremos, aunque personalmente prefiero al Mendoza de La ciudad de los prodigios, tampoco me disgusta pasar unos ratos divertidos, aunque existe el peligro de caer en el mero divertimento.

   La editorial, según el diario barcelonés La Vanguardia, “asegura que la novela ajusta "las cuentas" con "muchas novelas de consumo" y construye además "una nueva modalidad del género más característico" de Mendoza, el de la trama detectivesca "original e irónica"”.

Lunes, 31 de Diciembre de 2007 23:24 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 4 comentarios.

El buen lector

    El buen lector se hace, no nace, pues la lectura no es un don natural, sino un arte.

    El buen lector es el que empieza a serlo antes de empezar a leer, cuando oye ensimismado las historias que le cuentan su padre, o su madre, o sus abuelos.

    El buen lector leyó de niño, pues en casa le decían a veces con voz autoritaria “¡A tu habitación a leer!”, y el niño, obediente, se iba a su cuarto, abría un libro y leía. Aquel niño acabó descubriendo con el tiempo la auténtica dimensión de la lectura, y en la lectura su imaginación volaba libre, fuera de aquellas paredes, unas veces muy lejos, otras no tanto. Aquel niño no sabía entonces que se iniciaba así una relación que duraría toda una vida, y no podía imaginar que cada vez que abriese las páginas de una novela, iba a sentir cómo el libro lo acogía, cómo la lectura es un reto, una experimentación, un conocimiento, y el hombre o mujer que es ahora sigue sintiendo la misma curiosidad del niño que fue. Y lee, y cree que es casi imposible que un libro cambie la vida de alguien, pero está convencido de que los libros que ha leído le han permitido vivir otras vidas, han dado otra dimensión a la suya y ha conseguido ver el mundo y entender la vida de una manera que sólo la lectura concede. En alguna ocasión oyó decir a otro que leía para ser mejor. Hoy, otros se lo oyen decir a él. Y no es raro que afirme convencido, tomándole prestadas las palabras al señor don Quijote, que el que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho.

    El buen lector debe tener memoria, imaginación, cierto sentido artístico y un diccionario al lado, como decía Vladimir Navokov.

    El buen lector no sabe por qué elige un libro, y a veces sospecha si no será que el libro lo elige a él.

    El buen lector ama la literatura, y no sólo lee novela, también lee poesía porque sabe, o al menos intuye, que el que entiende la poesía tal vez lo entienda todo. También lee ensayo o lo leerá, y también lee ciencia o la leerá, porque el buen lector pertenece a su mundo y sabe que la ciencia lo está cambiando a una velocidad nunca vista.

    El buen lector recomienda sus lecturas, porque le gusta que otros conozcan y disfruten lo que él conoció y disfrutó.

    El buen lector hace suyos, también, los derechos imprescriptibles del lector enunciados por Pennac: el derecho a no leer; a saltarse las páginas; a no terminar un libro; a releer; a leer lo que sea; el derecho al bovaryismo (enfermedad de transmisión textual); el derecho a leer donde sea; a hojear; a leer en voz alta; el derecho a callarse.

    El buen lector ama los cuentos.

    El buen lector sabe que puede ser mejor lector siempre.

    El buen lector a veces piensa que Borges tenía razón, y que lo que tomamos por realidad acaso sean ficciones que alguien sueña, ¡vaya usted a saber!

    El buen lector no se preocupa de colocar los libros al mismo nivel de aprecio y estimación de aquellas actividades con las que se divierten los adolescentes. Todo llegará, piensa, y si no, pues qué se le va a hacer.

    El buen lector no acaba de saber muy bien por qué lee, y mientras se le ocurre algo, sigue leyendo.

    El buen lector lee porque, aunque sabe que la lectura no le ofrece consuelo, sin embargo puede servir de espejo, y eso, piensa, ya es mucho. Ciertamente, se dice, es mucho encontrar en las páginas de los libros el reflejo de la experiencia de uno.

    El buen lector lee porque leer es comprender, y en un mundo tan complejo como este, la lectura es una inestimable ayuda.

    El buen lector no quiere ser reflejo de su sociedad y procura ser crítico, exigente, selectivo; quiere saber, tiene necesidad de saber, por eso no es un lector de anécdotas, sino de sentido.

    El buen lector sabe que en la ficción está la realidad, pues el artista miente en beneficio de la verdad, por eso hay que creerlo.

    El buen lector nunca se pregunta para qué sirve la literatura, para qué sirve la pintura, dar un paseo, oler la hierba o mirar las nubes.

    El buen lector sabe que la literatura no nos hace más felices, pero nos proporciona placer, aunque a veces sea un placer melancólico, masoquista, o puede que hasta perverso. ¡Qué le vamos a hacer —se dice—, si la gran literatura es triste, a veces desoladora, pero es que la tristeza forma parte del ser humano y todas las grandes historias son tristes!

    El buen lector sabe que su patria es su biblioteca.

    El buen lector quizás haya sido capaz de llegar hasta aquí, habrá hecho suyas alguna o algunas de las aseveraciones anteriores, y se dirá a sí mismo que podría seguir, cómplice, continuando lo hasta aquí expuesto.

Miércoles, 26 de Diciembre de 2007 20:50 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 11 comentarios.

¿Problemas con el libro?

    Ciertamente, es fácil imaginar los problemas que algunos torpes monjes tuvieron que tener en los primeros momentos de la llegada del libro a los monasterios. Por ello, no es de extrañar que se tuviera que crear la figura del monje ayuda de escritorio.


Sábado, 06 de Octubre de 2007 16:57 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 5 comentarios.

Horror vacui

El verano se ofrece en esa extraña dimensión en la que parece posible aquello que hace apenas un mes o dos se veía como inalcanzable.

Es fácil instalarse en estos días de calor en la lectura de textos aplazados a lo largo del invierno, libros que sigilosamente reposan en un rincón de la estantería. Si los miras de soslayo, es fácil imaginar su destino. Cuando parece que les ha llegado el momento, uno siente al escoger uno de ellos que traiciona al resto.  A veces, la elección obedece al simple capricho, otras, es la ansiedad la que te lleva a coger uno determinado. Es entonces, en esos momentos en los que el lector comienza su andadura en una de esas tardes en la que la siesta parece ceder a la lectura, cuando siente que la espera tiene un sentido. El aplazamiento no es casual, aunque tampoco obedece a leyes, o al menos así lo siente el lector.

Es el libro el que te ha hecho esperar a ti, te dices, no tú el que ha hecho esperar el libro.

En esa espera, cobra sentido el tiempo. El tiempo de la lectura, egoísta, no compartido con otras actividades inaplazables e imperiosas, absolutamente necesarias. El viejo enfrentamiento entre prisa y lentitud ahora desaparece, y casi todo da igual.

El libro empezado en esas horas sin tiempo de la siesta se prolonga en el silencio de la noche, cuando leer es soñar de la mano de otro. Leer en la cama es un extraño placer, como pasear a la caída de la tarde, escuchar a tus hijos hablar de futuro, ver llover o no hacer nada. El vacío.

En verano te conviertes en un vago que sólo se dedica a leer, me decía mi madre. Y era cierto. Lo que mi madre no sabía es que la palabra vago proviene del latín vacuus (vacío), y que yo, modestamente, me dedicaba a rellenar ese vacío.

Todavía lo sigo haciendo.

Feliz verano (leyendo).

Jueves, 12 de Julio de 2007 21:59 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 3 comentarios.

Una noticia de ahora (aunque a muchos no se lo parezca)

Esta es una de esas noticias cuya lectura no deja indiferente e incluso puede llegar a ser inquietante para algunos. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha dicho en varias ocasiones en la pasada campaña electoral que profesores y alumnos no deben tutearse, sino tratarse de usted, y que se debe recuperar la costumbre de que los alumnos se pongan de pie cuando al aula entre un profesor.

Como era de suponer, ya han surgido opiniones a favor y en contra, y ya hay quien ve en la propuesta del presidente francés el inicio de un rearme moral del que estamos realmente necesitados; otros, por el contrario, opinan que supeditar todo a lo meramente formal no conduce a ningún sitio. Los sectores conservadores parecen ver con buenos ojos la propuesta del francés, mientras que sectores progresistas sostienen que más bien parece una vuelta al pasado, un anacronismo impropio de la época que vivimos.

Una vez más, se pone en evidencia lo fácil que es incurrir en los tópicos. Parece como si el respeto fuera patrimonio exclusivo de la derecha, y la autoridad del profesor debiera hacerse evidente, marcar las distancias, se dice, colocar a cada uno en su sitio. De paso, no faltará quien aproveche para cargar una vez más contra el sistema educativo. Por otra parte, qué fácil es identificar posiciones progresistas con actitudes disolutas. En fin, lo de siempre. Ya vendrán después los matices, supongo.

Al leer esta noticia, he rememorado mis tiempos de internado. Época de pantalón con rodillera, zapatos “gorila”, cartera de cuero —aún no existían las mochilas—, dormitorios con literas, estudio vigilado y miedo. El miedo presidía las relaciones entre alumnos y profesores. Y castigos, estúpidos, arbitrarios —a veces sádicos— castigos que sólo tenían como fin en muchos casos, demasiados casos, humillar a los alumnos, dejar claro que allí no existían relaciones de poder, sólo existía el poder. Unos lo tenían y otros se sometían a él. No era posible discutir nada, sólo había una opinión, la del jerárquicamente superior. Los alumnos no podían expresar su punto de vista, simplemente acataban lo que los adultos decían, se les educaba en el sometimiento

En más de una ocasión me tocó aguantar la reprimenda del director del internado o de alguno de los cuidadores. Sabíamos que después de las voces y los gestos grotescos vendría el castigo. Ni siquiera nos atrevíamos a mirar a la cara a quienes nos acusaban, pues hacerlo podría ser entendido como un atrevimiento, como una muestra de osadía, que no iba a quedar impune.

Esta noticia me ha traído a la memoria aquella época, casi olvidada, que pasé en aquel internado de la calle El Sol, cuyas puertas traspasábamos cuatro veces al día. El colegio, distante apenas cuatrocientos metros, estaba en un edificio vetusto, con fachada de piedra y portada neogótica, sobre la que colgaba un rótulo con el nombre del lugar: Colegio Electrón. Allí pasábamos la mañana, hasta el mediodía, momento en que volvíamos a comer al internado, para regresar después al colegio para las clases de la tarde. Una vez que terminaban estas, otra vez de vuelta al internado; merendar, estudio vigilado, un rato de ocio, la cena, otro rato de estudio y a los dormitorios. Si había algún partido se nos permitía verlo como algo excepcional en un televisor en blanco y negro encaramado a una estantería en el fondo del estudio. Las más de las veces, ya en los dormitorios, alguno que había visto recientemente una película nos la contaba en voz baja. Auténticos narradores que susurraban lo visto a un complaciente auditorio que se adormecía en los pasajes más aburridos de la narración.

Una tarde, cuando regresábamos al internado, un avión dibujaba con su estela blanca una figura en el cielo. Al día siguiente, el profesor de “Política” nos dijo orgulloso que el avión había dibujado en el cielo el número 25. Nadie dijo nada. El profesor, señalando con su dedo la calle nos dijo: “¡25! ¡25 años de paz! ¡Es que no os enteráis de nada!”. En efecto, nada más cierto, no nos enterábamos de nada.

Tuvieron que pasar unos años para que empezara a enterarme de algo. Todavía sigo haciéndolo.

Esta mañana cuando he entrado en clase, he saludado a mis alumnos y les he explicado la poesía española de los años cincuenta. Hemos leído algunos poemas de Celaya y de José Hierro. En esos momentos sólo me interesaba que entendieran los textos, que fueran capaces de aproximarse al sentimiento de aquellos autores que escribieron esos poemas en aquellas difíciles circunstancias, que juntos nos alzáramos al plano superior de la comprensión y disfrute de la poesía. Nada más (¡y nada menos!).

Martes, 29 de Mayo de 2007 21:55 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 4 comentarios.

Esto se acaba...

Fin de curso para 2º de Bachilerato.

Notas.

Alegrías.

Decepciones.

Frustraciones.

Las pruebas de acceso a la universidad a la vuelta de la esquina.

¡Cómo pasa el tiempo!

Un poco de diversión podrá compensar los duros momentos.

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Domingo, 13 de Mayo de 2007 18:33 El lector a la sombra #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

El ojo que ves

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   Entre los amasijos de hierro y cascotes se puede percibir aún el olor de los adioses. El polvillo blanco, que paulatinamente se va desvaneciendo en el aire, deja un sabor agrio, mezcla de cemento y goma quemada que desgasta las escasas palabras que se pronuncian sin eco. A lo lejos, tras las bandas de plástico amarillo, las miradas viscosas de los curiosos se enmohecen en segundos. Los charcos de agua oscura reflejan apenas en silencio la grisura del cielo sin pájaros del aeropuerto de Madrid. Los únicos ruidos que el paisaje emite son leves quejas de chasquidos metálicos y cristales astillados, como los últimos estertores de un gigantesco, mineral y doliente organismo, monstruo extenuado, que todavía agoniza en los entresijos del aparcamiento después de una batalla más allá de la línea de la vida, donde el horizonte sin sentido de la muerte adquiere la textura pastosa del dolor. Pero el sentido aflora, en primer término, en ese tótem de los nuevos tiempos sostenido con seguridad y convicción. Queda servido, así, el banal juego de los espejos.

Martes, 16 de Enero de 2007 23:18 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 4 comentarios.

París, 18 de mayo de 1883

Les reproduzco a continuación parte de una carta que el pensador y activista musulmán Yamaleddin al-Afgani, refugiado por aquel entonces en la capital francesa, envió al director del Journal des débats y que fue publicada en dicho periódico el 18 de mayo de 1883. La carta es una refutación de tópicos sobre el Islam y la ciencia difundidos entonces por Europa, así como una muestra de que otro Islam es posible si se ejercita el iytihad, el verdadero esfuerzo de interpretación libre de los textos sagrados fundamentales del Islam.

.

   [...] Ha hecho falta que la humanidad busque fuera de sí misma un refugio, un apacible lugar en que su conciencia atormentada pueda encontrar el reposo y ha sido entonces cuando ha surgido un educador cualquiera que no teniendo el poder necesario para obligar a seguir las inspiraciones de la razón, la abandona a lo desconocido, abriéndole los amplios horizontes en que la imaginación se complace y donde pude encontrar, si no la satisfacción completa de sus deseos, sí al menos un campo ilimitado para sus esperanzas. Y como en su origen la humanidad ignoraba las causas de los acontecimientos que acaecían frente a sus ojos y los secretos de las cosas, se vio obligada a seguir los consejos de sus preceptores y las órdenes que estos les daban. Esta obediencia le fue impuesta en nombre del Ser supremo, al que estos educadores atribuían todos los acontecimientos, sin permitir discutir sobre su utilidad o inconvenientes. Para el hombre es, sin duda, un yugo de lo más pesado y humillante, lo reconozco, pero no puede negarse que es gracias a esta educación religiosa, ya sea musulmana, cristiana o pagana, como todas las naciones han salido de la barbarie y han progresado hacia una civilización más avanzada.
   Si es verdad que la religión musulmana es un obstáculo para el desarrollo de las ciencias, ¿puede afirmarse que este obstáculo no desaparecerá algún día? ¿En qué se diferencia sobre este punto la religión musulmana respecto a las demás? Todas las religiones son intolerantes, cada una a su manera. La religión cristiana, quiero decir la sociedad que sigue sus inspiraciones y enseñanzas y que se ha formado a su imagen, ha salido del primer período al  que acabo de aludir. Y a partir de ahora, libre e independiente, parece avanzar rápidamente por la vía del progreso y de las ciencias, mientras que la musulmana no se ha liberado aún de la tutela de la religión. Pensando en todo que la religión cristiana ha precedido en varios siglos a la musulmana en el mundo, no puedo dejar de esperar que la sociedad mahometana llegue un día a quebrar sus lazos y a avanzar resueltamente por la vía de la civilización, a imagen de la sociedad occidental para la que la fe cristiana, a pesar de sus rigores e intolerancia, no ha supuesto ningún obstáculo invencible. Abogo aquí [...] ante el Sr. Renan no por la causa de la religión musulmana, sino por la de varios cientos de millones de hombres que estarían así condenados a vivir en la barbarie la ignorancia.
   En verdad, la religión musulmana ha intentado ahogar la ciencia y frenar sus propósitos. Ha conseguido así detener al movimiento intelectual o filosófico y desviar a los espíritus de la investigación sobre la verdad científica. Si no me equivoco, pareja tentativa llevó a cabo la religión cristiana y los venerados patriarcas de la Iglesia católica, que yo sepa, no han dado su brazo a torcer. Continúan luchando enérgicamente contra lo que llaman el espíritu del vértigo y del error. Conozco todas las dificultadas que los musulmanes tendrán que superar para alcanzar el mismo grado de civilización, estándoles prohibido el acceso a la verdad a la que conducen los procedimientos filosóficos y científicos. Un auténtico creyente debe, en efecto, desviarse de los estudios cuyo objeto es la verdad científica de la que toda verdad debe depender, según opinión aceptada al menos por algunos en Europa. Uncido como un buey al carro, al dogma del que es esclavo, debe andar eternamente por el mismo surco que ha sido trazado con anterioridad por los intérpre­tes de la ley. Convencido, además, de que la religión encierra en sí misma toda la moral y todas las ciencias, se aferra a ella resueltamente y no hace el menor esfuerzo para ir más allá. ¿Para qué agotarse en vanas tentativas? ¿De qué le serviría buscar la verdad si cree poseerla por entero? ¿Sería más feliz el día que hubiera per­dido su fe, el día en que hubiera dejado de creer que toda perfección está en la religión que practica y no en otra? Por eso desprecia la ciencia. Sé de eso, pero sé igualmente que este niño musulmán y árabe, del que el Sr. Renan nos pinta un vigoroso retrato y que a una edad más avanzada se convierte en un «fanático imbuido del estúpido orgullo de poseer lo que cree ser la verdad absoluta», pertenece a una raza que ha dejado huellas de su paso por el mundo. Y no sólo huellas de sangre y fuego, sino de obras brillantes y fecundas que dan tes­timonio de su gusto por la ciencia, por todas las ciencias, incluida la filosofía con la que, debo reconocerlo, su matrimonio no ha dura­do mucho tiempo.

   [...] Sin embargo, es legítimo preguntarse cómo la civilización árabe, tras haber repartido tan viva luz por el mundo, se apagó de golpe: cómo la llama no ha vuelto a encenderse después y por qué el mundo árabe permanece envuelto en profundas tinieblas.

   En este punto se manifiesta totalmente la responsabilidad de la religión musulmana. Está claro que allá donde se estableció, esta religión quiso ahogar a las ciencias, empeño en el que sir­vió extraordinariamente el despotismo. Al-Siuli narra que el califa Al-Hadi ejecutó en Bagdad a cinco mil filósofos para extirpar las ciencias has­ta la raíz en los países musulmanes. Aun admi­tiendo que este historiador haya exagerado el número de víctimas, de lo que no cabe duda es que esta persecución tuvo lugar y supone una mancha sangrienta para la historia de una reli­gión como para la historia de un pueblo. Podría encontrar en el pasado de la religión cristiana hechos análogos. Las religiones, se designen como se designen, se parecen todas. Ningún entendimiento ni reconciliación son posibles entre estas religiones y la filosofía. La religión impone al hombre su fe y creencia, mientras que la filosofía lo libera totalmente o en parte. ¿Cómo pretender entonces que se entiendan entre sí? Cuando la religión cristiana, bajo sus formas más modestas y atractivas, entró en Ate­nas y en Alejandría, que eran, como todo el mundo sabe, los dos principales centros de la ciencia y la filosofía, su primer empeño fue, des­pués de establecerse sólidamente en las dos ciudades, apartar tanto a la ciencia propiamente dicha como a la filosofía, buscando ahogarlas bajo el matorral de las discusiones teológicas, para explicar los inexplicables misterios de la Trinidad, de la Encarnación y la Transubstanciación. Y así ocurrirá siempre. Cada vez que sea la religión la que gane la partida, eliminará a la filosofía. Y sucede lo contrario cuando es la filo­sofía la que se convierte en soberana. En tanto exista la humanidad, no cesará la contienda entre el dogma y el libre examen, entre la religión y la filosofía, en una encarnizada lucha en la  que —me temo— el triunfo no será para el libre pensamiento, porque la razón desagrada a las masas y porque sus enseñanzas no son comprendidas más que por ciertas inteligencias de las  elites, a la vez que la ciencia, por hermosa que sea, no satisfará por entero a una humanidad sedienta de un ideal y a la que le gusta refugiarse en las oscuras y leja­nas regiones que los filósofos y los sabios no pue­den percibir ni explorar.

Miércoles, 08 de Febrero de 2006 23:44 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 2 comentarios.

No por ello

El lector a la sombra declara formalmente que no tiene miedo a la libertad,

que lo que de verdad le da miedo es la intolerancia,

el cerrilismo,

la incomprensión,

la censura,

los profetas y mesías que por el mundo andan sueltos, sean del signo que sean,

los conversos fanáticos,

los intransigentes,

los intolerantes,

los que hacen de la ira un modo de ¿vida?

Este humilde lector cree, o al menos cree saber, que el que se convierte en una bestia deja de vivir como un hombre,

que el que teme es un esclavo de su propio temor,

que la verdadera desgracia no es sufrir injusticias, sino cometerlas,

que la auténtica libertad es someterse a las leyes de la razón.

Este lector defiende la alegría, propia y ajena,

sabe que hay que cuidarse de los que dicen poseer la verdad en exclusiva,

porque la verdad nunca es pura y raramente sencilla,

porque todos nacemos sinceros y morimos mentirosos.

Este lector no pretende saber aquello que muchos ignorantes consideran seguro e indiscutible, Dios sabrá disculparle su agnosticismo.

Este lector está convencido del poder de la cultura

para hacernos más fuertes,

mejores,

tolerantes,

compasivos.

En fin, este lector que afirma que el odio es una venda que ciega,

que el odio es la cólera de los débiles,

por mucho que se esfuerce,

se siente,

hoy por hoy,

incapaz de comprender que esto

haya derivado en esto.

Pero no por ello

renuncia a intentar entender el mundo

y a los demás;

renuncia a contribuir con la educación de sus alumnos

a que sean personas fáciles de gobernar,

pero imposibles de esclavizar,

porque el conocimiento es la fuerza de los débiles,

y algo que los poderosos temen.

Sábado, 04 de Febrero de 2006 19:32 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 7 comentarios.

Shoah, película de Claude Lanzmann (o sobre la dificultad de la representación del Holocasusto)

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Generalmente se sostiene que la representación de un objeto nada nuevo añade al mismo, si bien su contemplación puede producir alteraciones o cambios en el espectador. En este sentido, dada la extremadamente difícil relación entre forma y contenido en un hecho de semejante magnitud como fue el exterminio de seis millones de personas debido a su condición de judíos, se ha cuestionado en muchas ocasiones la representación artística del Holocausto.Afirmaba Eli Wiesel, uno de los supervivientes, que la enormidad de la empresa asesina perpetrada por los nazis había privado a la historia de palabras para describirla. En esta ausencia de palabras podríamos encontrar una de las primeras claves de esa enormidad: el exterminio fue de tal magnitud que los verdugos sabían que nadie que lograra sobrevivir iba a ser creído, y lo que no se nombra no existe. Eso explicaría la resistencia a la verbalización de la experiencia sufrida por muchos de los supervivientes: carecían de palabras para nombrar lo que era imposible nombrar.Surge entonces el problema de cómo representar esa imagen del campo de concentración, del horror absoluto, cómo testimoniarla, cómo hacerla visible, cómo hacer corresponder el acontecimiento histórico y su expresión. En definitiva, ¿es posible representar artísticamente aquel horror sin traicionarlo, sin convertirlo en un simple hecho estético? Y, en caso de que ello sea posible, ¿las obras artísticas cuyo tema sea el Holocausto, qué exigencias formales han de cumplir?

Hemos visto y conocemos sobradamente manifestaciones artísticas, tanto cinematográficas como literarias, que tienen como referente el exterminio, es decir, que han hecho de la barbarie y la muerte del campo de concentración su tema. Incluso los autores de muchas de esos textos, sobre todo aquellos de carácter literario y memorial, han sido los propios protagonistas, los supervivientes, los que han hecho de la memoria el objeto de su propia permanencia entre nosotros después de los terribles acontecimientos a los que sobrevivieron (Primo Levi, Jean Améry, Robert Antelme, Roman Frister, Imre Kertész, etc.).Pero la expresión audiovisual es más compleja en este sentido que la literaria. El cine y la televisión pertenecen a la industria de la cultura de masas, en expresión de Umberto Eco, y esta pertenencia anula su legitimidad para representar el Holocausto, pues la mercantilización de la cultura es sinónimo de canalización y desmemoria ya que esa mercantilización convierte todo sentido real de historia y memoria en espectáculo y entretenimiento. Así, las series de televisión o las películas de la industria de Hollywood estarían imposibilitadas para asumir las tareas de esclarecimiento, educación o concienciación asociadas a la transmisión de la memoria del Holocausto. En definitiva, existiría una incompatibilidad elemental entre la comprensión racional, cognitiva de la historia y las representaciones emocionales o melodramáticas que ofrecen el cine y la televisión comerciales. De aquí se deriva la preocupación respecto a la “verdad” que ofrecen la televisión y el cine, ya que con demasiada frecuencia desdibujan peligrosamente la línea divisoria entre ficción y realidad. La crítica de Elie Wiesel a la famosa serie televisiva Holocausto se inserta en estos parámetros. En un artículo en el New York Times titulado La trivialización de la memoria: mitad hecho, mitad ficción, afirmaba lo siguiente:

“Me espanta la idea de que un día el Holocausto será medido y juzgado a partir de la serie de la NBC que lleva su nombre. El Holocausto debe ser recordado pero no como serie de televisión.”

Lo que le preocupaba a Wiesel es que el acontecimiento histórico sería eclipsado e incluso sustituido por su representación fílmica, por una simulación. No olvidemos que la televisión “fabrica” realidades, y lo que no sale en ella simplemente no existe. La misma crítica podríamos hacerla extensible a la famosa película La lista de Schindler.

Parece entonces que las únicas imágenes posibles que cabe admitir para la expresión del Holocausto serían las de archivo, pues a estas no se les puede negar su capacidad de documento histórico no ficcional dado, en un principio, su fuerte carácter referencial. No obstante, también existen reservas respecto al uso de dichas imágenes en las producciones audiovisuales sobre el exterminio de los judíos, y sobre ello se han hecho varias consideraciones:

a) Las imágenes históricas documentales que existen sobre el Holocausto (selecciones en andenes, guetos, campos de concentración) fueron en su gran mayoría realizadas por los SS, y aunque sean empleadas en contextos de producción y recepción diferentes, siguen inevitablemente proyectando la imagen distorsionada que los nazis querían dar de sus víctimas. Esto no solamente es un problema para el cine documental, sino también lo ha sido para el cine de ficción, ya sea porque éste ha incorporado imágenes de archivo (como en la serie Holocausto) o porque ha recreado estas imágenes con actores (como es el caso de La decisión de Sofía o La Lista de Schindler).

b) Las imágenes de la liberación de los campos se convirtieron equivocadamente en iconos del Holocausto,  pero fueron grabadas por los aliados en los campos occidentales (Bergen Belsen, Dachau, Buchenwald, etc.) y no en aquellos en los que tuvo lugar exterminio, los campos del este. Por ello no deberían ser empleadas para representar el Holocausto.

c) El horror de las imágenes de los campos liberados, mostrado con esa crudeza realista produce un efecto de irrealidad y bloquea la capacidad de conocimiento del espectador.

d) Esta misma crudeza de las imágenes desposee a las víctimas de la dignidad debida, y ofrece la imagen deshumanizada de reducción a meros cuerpos en que los nazis los convirtieron.

¿Es posible, entonces, un cine sobre el Holocausto, sobre el mal absoluto, como lo definió Claudio Magris (DACHAU, 1942 ¿El mal absoluto? En esa carta. Diario El País, 15/3/2003)? ¿Es posible, en definitiva, superar la aporía de Auschwitz? Tal vez encontremos en Shoah, la monumental película del francés Claude Lanzmann, las respuestas.

Shoah (1985) es la respuesta cinematográfica al problema de la representación del Holocausto, una reconstrucción de la ignominia sin caer en lo mórbido. Lanzmann empezó a construir su película desde la nada, con el único objetivo de descubrir qué sucedió en el interior de la cámara de gas mediante un método que no se basa en la reconstrucción, como hace Spielberg, sino en la encarnación mediante la memoria. Empezó a trabajar en la película en 1974 y la finalizó en 1985. El material sumaba 350 horas y el montaje le ocupó unos cinco años. La versión definitiva de más de nueve horas se estrena en el festival de Cannes en 1985, y desde entonces ha estado en permanente circulación por el mundo.

Lanzmann considera a los supervivientes del Holocausto como “revenants”, los que regresan, seres que han traspasado el umbral de la muerte y que después de vagar por el mundo como zombis deciden dar su testimonio. El director no ha querido actores ni escenarios artificiales de campos o guetos ni imágenes históricas, sólo supervivientes y lugares tal y como se conservan en la actualidad. La película es un alegato contra el olvido, pues, ¿acaso el Holocausto no fue la negación de una identidad?, ¿no fue el exterminio industrial de un pueblo? Contra ese olvido se erige esta película en la que no hay un solo llanto infantil pero se escucha llorar a los niños, en la que todo el poder de la narración se deposita en los hombres y mujeres que hablan, que testimonian, y en su propio testimonio. El director visita los lugares e insta a los supervivientes a que los visiten, bien con la memoria, bien realmente. La película se convierte así en la construcción de la memoria y de la verdad.

Shoah se proyectó por primera vez en España en un cine de Madrid en 1987 durante dos días. El primer día unos revisionistas camisas marrones plantaron delante del cine un tenderete con libros que negaban el Holocausto. Al día siguiente un aviso de bomba impidió la proyección. Televisión española pasó la película a las dos de la madrugada en cuatro sesiones repartidas en cuatro semanas.

Hace dos años conseguí la edición en DVD de esta monumental obra de arte (4 discos en versión original con subtítulos en español). La vi en aquella ocasión y la he vuelto a ver estas pasadas Navidades, pero, a diferencia de aquel primer visionado, ahora la he visto de un tirón, con las pausas necesarias e inevitables de orden alimenticio o fisiológico. Ha sido realmente una experiencia sobrecogedora. Dudé antes de sentarme delante del televisor, dudé de mi capacidad para asimilar un mensaje tan complejo de forma continuada, dudé de mi capacidad de aguante, pensé que terminaría abominando de la película, pero cuando flaqueaba pensaba en que Lanzmann afirmaba que la película no es segmentable, como tampoco lo es un pensamiento. Fue realmente una experiencia extenuante y sobrecogedora.

En el año 2003 se publicó en España el texto íntegro de la película, que se incluye en la edición en DVD francesa.

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SHOAH. Un film de Claude Lanzmann.

9h 10mn. Versión original en francés. Subtítulos en francés, inglés, español y alemán. Formato de imagen 4/3. Les Films Aleph.

 

 

Martes, 31 de Enero de 2006 23:06 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 2 comentarios.

Tarde de teatro

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En ocasiones los archipiélagos de la realidad se disuelven en incertidumbre y es necesario replantearse la reconstrucción de lo vivido. La memoria nos trae al presente el pasado, que se clarifica al hilo de los recuerdos; pero a veces ocurre que esos recuerdos son decepcionantes y amargos y no aportan la felicidad, aunque es cierto que traen el conocimiento. Somos lo que fuimos, y recordar es conocer.

Tal vez la lucidez sólo añade dolor, y nos hace ver que nada cambia ni va a mejor. Algunos encontronazos con la realidad son insoportables, pero necesarios. Y nos olvidamos de lo que el físico alemán Werner Heisenberg llamó el principio de indeterminación: la presencia del observador altera los datos del fenómeno observado. De ello podemos deducir que tantos espectadores, tantas visiones de la realidad. Somos sujetos, e imponemos la subjetividad.

El pasado jueves fui al teatro. Fui esta vez por referencias: unas compañeras me habían hablado de esta obra como algo realmente bueno, de esas obras que “no te debes perder”. Lo cierto es que me decidí a ir, y allí que nos plantamos (Teatro Reina Victoria, Carrera de San Jerónimo 24, Madrid).

Madrid estaba insoportablemente vulgar, las aceras llenas de gente, los comercios atiborrados, las luces de Navidad coloreaban las caras de los viandantes que iban de comercio en comercio siendo fieles a la liturgia del consumo que por estas fechas convierte a esta ciudad en un extraño mercado. Las calles —el teatro está en el centro, a unos metros de las Cortes— han perdido toda referencia cultural para quien las pisa. La ciudad se hace anónima y por unos momentos absurda. Los valleinclanescos espejos del callejón del gato protegidos por vidrios de seguridad, la galdosiana taberna La Fontana de Oro es ahora un pub inglés donde se tiran cañas de cerveza negra y se dan los partidos de la liga inglesa... Max Estrella acabaría hoy en cualquier “museo del jamón” o refugiándose en la antigua pastelería de la calle del Pozo (el mejor hojaldre de Madrid), que se conserva prácticamente igual a como la conoció don Benito.

 Estas calles que recorren los que homenajean a Valle-Inclán ahora están imposibles.

El teatro estaba completo. Buen síntoma. Había venido, como dije, por referencias. La obra se había estrenado en el Bellas Artes y ahora ha vuelto a Madrid. Ha sido un éxito rotundo de público, lo cual es decir mucho en los tiempos que corren para el teatro, y sigue llenando todavía. El público heterogéneo, gente joven y no tan joven; no es ese público incondicional que llenaba los estrenos de Buero. La obra, según reza el programa de mano, está escrita por el Actor, la Actriz y el Director, algo bastante inusual.

Pero cuando se apagan las luces y se encienden las candilejas la magia del teatro se adueña del escenario y del espectador. El Actor y la Actriz, complacientes, van ganando terreno, imponiendo su presencia hasta dotar de sentido al escenario. El texto, imperceptiblemente, va cautivando al espectador, que se deja llevar por el discurso. La puesta en escena se convierte en un pretexto para el texto, inteligente, polisémico, lleno de matices. Y el patio de butacas, el teatro todo, va creciendo con la obra. Un espectáculo brillante, conmovedor, pero, sobre todo, inteligente, de esos que hacen público, que levantan el listón. El espectáculo no acaba cuando las luces y los aplausos  se apagan. El texto sigue bullendo en la mente, en la conversación, la evocación, entonces el espectador comprende que ha asistido, cómplice, a un acto de la inteligencia y la sensibilidad, que la obra tiene sentido porque él se lo da, pero a la vez percibe la existencia de otros sentidos. El texto refleja una visión del mundo, filtrada por la visión de los autores, y el espectador se acerca o cree acercarse a esa visión, o tal vez crea y recrea la suya propia a partir de la que el texto ofrece.

Si convenimos que el mensaje literario no tiene una finalidad práctica inmediata, que su naturaleza es estética, y se destina a producir un placer espiritual desinteresado y a la vez tiene una relación con el conocimiento, el espectador de esta obra de teatro entenderá perfectamente que la literatura es la creación de una obra de arte mediante la palabra, y que si todos leyésemos más, viésemos obras como estas y las comentásemos con nuestros amigos, familias..., el mundo sería distinto.

Merecía la pena, realmente. Toda una experiencia.

..

Hoy: El diario de Adán y Eva, de Mark Twain. Escrita por Miguel Ángel Solá, Blanca Oteyza y Manuel González Gil.

Sábado, 10 de Diciembre de 2005 22:44 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 4 comentarios.

Premios y literatura: ¿es la calidad compatible con el mercado?

La dimisión del novelista Juan Marsé del jurado de Premio Planeta (ganador en 1978 con La muchacha de las bragas de oro) me lleva a reflexionar brevemente sobre el montaje que los premios literarios han ido adquiriendo en España y la influencia de estos en el panorama de la literatura española actual.

Se trata, para entrar directamente en materia y no andar dando rodeos innecesarios, de una cuestión puramente comercial, lo que viene a decirnos que son premios abiertos a la manipulación para asegurar la comercialización de la obra premiada. Sumida esta premisa, creo que podemos convenir que casi todos los premios literarios, al menos aquellos de mayor dotación económica, están más o menos amañados previamente a la concesión. Esto entra dentro de la lógica de las cosas, pues al fin y al cabo estamos hablando de comercio puro y duro, y el producto más rentable es aquel que más se vende, independientemente de otros considerandos. Y la dinámica comercial no iba a ser ajena a esta modalidad literaria de los premios, y si no, piénsese en la cuantía de los premios en el caso del Planeta: 601.000 euros para el ganador y 150.250 euros para el finalista (lo cual choca con las declaraciones hechas el día antes por algunos miembros del jurado) o en el Torrevieja de novela: 360.000, ganado en la última edición por el ínclito César Vidal.

Posiblemente esta curiosa y escandalosa situación tenga su origen en aquellos años de la posguerra cuando era necesario revitalizar la literatura, especialmente la novela, y a ellos se aplicaron editoriales como Destino con el premio Nadal, de tanta importancia en aquellos años, que ayudó ciertamente a dar a conocer al gran público a autores que de otra manera prácticamente hubieran permanecido en el anonimato, tal es el caso de Nada de Carmen Laforet, ganadora en 1944 de la primera convocatoria. Ahí es donde entran editores buen conocedores del mercado, como es el caso de Lara, que creó en 1952 el premio Planeta, que ya desde entonces fue el mejor dotado económicamente y por ende el más proclive a lo comercial. Después vendrían otros como el Biblioteca Breve, o el Herralde.

Todo lo anterior me lleva a pensar que estamos concibiendo el libro como un producto comercial más, y en las reglas del comercio se juega sobre seguro, nadie apuesta por aquello que cree que tendrá una mala salida, es decir: una mala venta. Y esto, en el caso de la novela, viene a decir que los premios están consagrando el eminente carácter comercial de las lecturas que el mercado demandará siguiendo las leyes propias del mismo. Aquí no valen más apuestas que las de vender y vender el mayor número de ejemplares, es decir, ser complaciente con los gustos del público. Esto nos llevaría a una cuestión colateral pero no menos importante: ¿quién impone esos gustos: las editoriales (el mercado) o el público (el consumidor).

En fin, la fórmula parece que se va imponiendo y los lectores y los medios de comunicación contribuyen con su apoyo al triunfo de la misma. El sistema es perfecto y perverso: sólo importan las ventas, y todo lo demás está al servicio de la industria editorial: ediciones, promociones, ruedas de prensa, etc.

Tengo delante un ejemplar de la novela citada con la que Juan Marsé ganó el Planeta en noviembre de 1978 (en diciembre se aprobaría la Constitución), dotado entonces con cuatro millones de pesetas. En la portada se anuncia: 1ª edición, 110.000 ejemplares. Dentro del libro hay un recorte del diario ABC, del domingo 26 de noviembre de aquel año. Es una entrevista en la que se dice que el crítico Rafael Conte ha calificado la novela de Marsé como una de las peores del escritor y se le define como un espíritu independiente que no se casa con nadie. El hasta entonces enfant terrible de la narrativa española afirma que no cree ni en los premios ni en las políticas editoriales.

Encontrar ahora a Juan Marsé saliéndose airosamente del sistema que ya criticaba hace años, pero que parece que lo absorbió sin mayores problemas no deja de ser cuando menos curioso, pero sea bienvenido el francotirador novelista si ello nos supone a los lectores una excelente novela, mejor que la publicada recientemente.

Una última referencia, para ir terminando, a los únicos premios que en este desolador panorama editorial me merecen cierta consideración: el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura. Ambos se conceden al mejor libro publicado en el año, el primero lo otorgan la Asociación de Críticos Españoles y el segundo la Dirección General del Libro, dependiente del Ministerio de Cultura. El de la crítica no tiene dotación económica alguna y el Nacional creo que tiene una dotación de unos 15.000 euros. Ambos premios se sitúan en la línea de los grandes premios europeos, como el Goncourt francés.

Si les soy franco, leo sistemáticamente, salvo alguna excepción las novelas galardonadas con el Premio de la Crítica, con el Nacional de narrativa y con el Herralde. Siempre han sido lecturas gratificantes, de esas que a uno le animan a seguir leyendo y a conocer más obras del novelista ganador. Lo demás, ustedes no sé, pero para mí: humo. Y el humo, ya saben, se lo lleva el viento. Y si no, díganme: ¿qué aporta realmente a la novela española el señor César Vidal?, ¿será este un autor que merezca estar al lado de otros?, y aquí podría citar a autores como Luis Mateo Díez, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Muñoz Molina, y un largo etcétera. Eso sí: seguro que venderá muchos ejemplares de la novela ganadora, de cuyo nombre ni me acuerdo en este momento, y disculpen el quiebro cervantino, pero es la verdad.

Respecto a la pregunta del título, si la calidad es compatible con el mercado, ustedes me dirán, pero me temo que en el caso de la novela, no.

Lunes, 07 de Noviembre de 2005 00:12 #. Miscelánea Hay 3 comentarios.

El País Semanal habla de nosotros

Curioso reportaje sobre el mundo de los blogs aaprecido hoy en la Revista EPS, del diario El País.Ya hay más de 18 millones en Internet. Una cifra que en seis meses se habrá doblado. Son los ‘blogs’ o bitácoras virtuales. Modernas confesiones en su mayoría escritas por personas anónimas que documentan su vida sin complejos. También en imágenes.
Pasen. Pasen... y lean.
Domingo, 16 de Octubre de 2005 23:05 #. Miscelánea Hay 2 comentarios.

Red de relaciones o La trampa de la Red

Tela.jpgCuando empecé el blog en el mes de mayo pasado no dejaba de pensar que esto no tendría sentido, pues nadie me iba a leer, y se suponía que el sentido es que alguien te lea. Bien, me dije, es igual, me leeré yo. A los pocos días pensé: pues no sé yo si no será esto una nueva y sofisticada forma de alimentar el ego. Y en el fondo, qué quieren que les diga, pues que me hacía cierta ilusión tener lectores. Incluso hablé de ello, así como quien no quiere la cosa, con mis compañeros, ya saben, en el colegio. Ni caso. Alguno hubo que preguntó qué era eso de un blog, pero de ahí no pasó la cosa. No me arredré, evidentemente, y llegué a idear una sutil fórmula de captación de lectores: los alumnos, estos no fallan, pensé, ahí sí que no va a haber problemas. Pero cuando me lo pensé mejor, no les comenté nada. Creo que fue lo más sensato (especialmente para ellos).
Me introduje en esto del blog un poco por casualidad y un poco por mi amiga Meritxell, a quien había conocido a través del foro de la Escuela de Letras de Madrid por el mes de mayo. Yo participaba allí ocasionalmente y ella me agradeció una información sobre lecturas relacionadas con el Holocausto. Me habló de su blog, y lo visité. Entraba allí, leía y salía, y al día siguiente repetía fielmente la visita. Meritxell me comentó que tenía dos blogs que usaba con los alumnos y me dio algunas direcciones. Esto me animó y me puse manos a la obra.
Aquella contradicción inicial entre escribir para no-lectores o para lectores se deshizo cuando Palimp y Meritxell me leyeron y desearon suerte. Vaya —me dije—, dos lectores, esto colma todas mis expectativas. Escribiré, pues, para mis escasos lectores, me dije (habrán podido comprobar que esta etapa inicial o de configuración del blog fue muy monologante: no cesaba de decirme cosas, claro como no tenía casi nadie a quien decírselas...).
Tras la fase de alumbramiento, muy relacionada, tristemente por cierto, con mi desconocimiento de cómo crear un blog, vino el aspecto ideológico: bien, me dije (todavía seguía en la fase monologante), y ahora qué perfil ideológico le doy al blog. Después de decirme esto la verdad es que me asusté un poco, ¿era yo el que había dicho eso de “perfil ideológico”? Me temo que por aquellas fechas leía demasiados editoriales, pero lo que quería decir realmente era: ¿y ahora qué escribo aquí? Por aquellas fechas —mes de mayo, ya saben— aprendí a configurar (¿se dice así?) las entradas. ¡Ahhhhh, qué placer informático poder configurar unas entraditas y que te funcionen! Por aquel entonces ya era lector habitual de Espacio sobre Literatura, Un hombre sentado en una silla, La donna è mobile, La Librería, La Divina Comedia, El Lector, Cuchitril Literario, La Bitácora de Magda Bandera, Octaedro, el blog de la Escuela de Letras de Madrid... Y la lectura de estos blog me llevaba a otros y estos a otros (¿efecto dominó se llama esto?). Fue entonces cuando pensé, después de haber superado la fase monologante, que yo debía permanecer mudo, afásico, no publicar nada, pues aquellos señores y señoras escribían post (¡qué palabro!) fantásticos, fenomenales, que a mí me encantaba (y me encanta) leer.
¿A dónde iba a ir yo con este mi blog recién parido? Definitivamente debía volver a la fase monologante y cerrar el blog. Había comprendido que las palabras iniciales de Meritxell y Palimp eran pura cortesía, bienvenida, pero resultó que lo que leía en aquellos blogs funcionó en mí como un acicate, un aldabonazo (aún seguía yo leyendo demasiados editoriales), y poco a poco fui dando forma al blog, que es como configurarlo pero en profano.
Y así están las cosas. Todavía no sé muy bien qué es este blog, aunque creo que es un poco de todo: reseñas, textos pseudoliterarios o con voluntad literaria, textos de otros, vidas ejemplares... en fin, una mixtura que me lleva bastante tiempo escribir. Y cuando escribo pienso en esos amables lectores que se pasan por aquí.
De vez en cuando hago clic en el primer enlace, ese cuadradito azul que está encima del contador, para ver dónde están ustedes, y lo que veo me deja realmente impresionado (ya leo menos editoriales, aunque no sé si ahora editorializo yo):

1. España 2403
2. Estados Unidos 33
3. México 24
4. Argentina 20
5. Chile 16
6. Venezuela 14
7. Uruguay 13
8. Suecia 9
9. Perú 9
10. Colombia 9
11. Alemania 7
12. Ecuador 5
13. Bélgica 4
14. Canadá 3
15. Francia 3
16. Brasil 2
17. República Dominicana 2
18. Países Bajos 2
19. Italia 2
20. El Salvador 2
21. Bolivia 2
22. Japón 1
23. Bulgaria 1
24. Nicaragua 1
25. Australia 1
Desconocido 5

¿Pero es posible, me pregunto, que me hayan visitado nueve personas de Suecia; una de Australia, otra de Japón, otra de Nicaragua, otra de Bulgaria...? Lo de España no me sorprende porque seguro que casi todas son mías...
Desconozco si esto es así o no, es decir: si realmente han pasado y pasan por aquí una persona de Japón, nueve de Suecia y cinco desconocidos. Estos últimos me encantan (y me inquietan, ¿será el doctor Pasavento uno de ellos?). Pero lo que sí es cierto es que cada vez que escribo pienso en ustedes, mis amables lectores, y les imagino contemplando más allá de la pantalla una limpia calle con fachadas de colores, o una montaña nevada, o una llanura amarilla, o escuchando trastear a los niños (¿ya se acostaron, Meritxell?), y si alguno de ustedes se sonríe o medita o apunta un título, entonces escribir este blog tiene sentido. Ésa es la auténtica trampa de la Red, que blogs como los suyos y lectores como ustedes le atrapan a uno en una red de relaciones que, digámoslo ya, le hacen feliz.
¡Muchas gracias!
Domingo, 16 de Octubre de 2005 01:13 #. Miscelánea Hay 6 comentarios.

Paseando por ahí

El escritor Félix Romeo popone un paseo por algunas páginas de escritores. Pasen sin llamar.
Domingo, 16 de Octubre de 2005 00:30 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Eclipsados

silencio el roto.gifSe eclipsó el sol en Madrid. Ojalá se hubiera eclipsado el ruido en esta ciudad tan difícilmente soportable a veces.
Lunes, 03 de Octubre de 2005 15:09 #. Miscelánea Hay 1 comentario.

¡¡UN OCUPA EN EL BLOG!! ¡¡AHHHHH!!

¿Pero qué es eso verde fosforito de la derecha?
¡Será posible! ¡Habrase visto! Se va uno quince días y te encuentras a la vuelta un ocupa en el blog. Y además ¡¡es mutante!! Esto del Goooooooogle debe de ser la manifestación nueva (y hortera) del Gran Hermano. Lo del color verde y mutante me da mala espina, esto no puede acabar bien. ¡Pero qué hecho yo, que he sobrevivido a los ataques de las procelosas medusas de Roquetas, y vuelvo y me encuentro en el blog con esto!
...........
Denme tiempo a que me reponga (y sobre todo a que vea cómo puedo quitar eso). Por cierto: alguno de ustedes saben cómo se quita. Claro que en este momento estoy pensando que no hay efecto sin causa: o sea: ¡¡que lo he puesto yo!! ¿Pero cómo, dónde, cuándo, cómo, por qué y para qué? La duda me atenaza y me corroe. Ya me lo decía mi madre: eres un enreda...

VOLVERÉÉÉÉ...
Martes, 02 de Agosto de 2005 23:22 #. Miscelánea Hay 3 comentarios.

Cambio de sombra

Playa.jpgEn efecto, el sábado cambio de sombra. Carretera y manta.
Además, como es preceptivo, sombrilla —por aquello de la sombra—, y libros, que no pueden faltar en el equipaje veraniego. Cambiaremos los calores madrileños por los mediterráneos, y el mar, sobre todo el mar. En esa playa, más o menos, planteremos las sombrillas y lectura y bañito.
¡Qué placer leer a la sombra oyendo el rumor del suave oleaje! ¡Qué relajante sensación levantar la vista del libro y dirigirla al horizonte, donde mar y cielo se unen juanramonianamente! (el avezado lector ya habrá reparado que estoy hablando de una situación ideal, algo así como el locus amoenus playero. Ya veremos...).
Bueno, estimados lectores, ya les hablaré a la vuelta de mis lecturas y otras cosas dignas de mención.
Un saludo afectuoso del lector a la sombra.
Viernes, 15 de Julio de 2005 21:30 #. Miscelánea Hay 4 comentarios.

Las zapatillas de Sebastian Coe

Zapatillas de Coe.jpgViendo las zapatillas de andar por casa de Sebastián Coe tal vez podamos entender, en parte, el papel que este hombre ha tenido en la designación de Londres como sede olímpica. Tuvo que moverse mucho y bien por los entresijos del COI con esas zapatillas.
Son las 16:13 horas del primer día de la era postmadrid2012 y no quisiera parecer excesivamente frívolo en estos momentos dolorosos para los londinenses. Vivo en Madrid y recuerdo el día del atentado de los trenes. Aquel día, el 11-M, estaba dando la primera clase, a las ocho. Me faltaron algunos alumnos, luego fueron llegando y hablaban de algo horroroso. El resto ya lo conocen.
Tal vez los gobiernos británico y español estén distantes, el poder también comporta ciertas dosis de soberbia, pero a esas gentes que hemos visto en los informativos, arropados en mantas, tumbados en el suelo, con la mirada perdida, aturdidos, heridos, temerosos, los sentimos próximos, vecinos, los hemos visto aquí. Son los mismos. Siempre son los mismos, la dimensión universal del dolor y el sufrimiento.
Atocha, hoy, se ha vuelto a estremecer. Los trenes pasan tristes.
Jueves, 07 de Julio de 2005 23:10 #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Las gafas de Platón, novela podcast

Son las 00:00 horas del primer día de la era postmadrid2012. Estaba a puntito de meterme en la cama a leer el libro que tengo entre manos: Diálogo con la muerte. Un testamento español de Arthur Koestler y curioseando por aquí, por allá y por acullá en este territorio todavía casi ignoto de los blogs me acabo de encontrar con la existencia de una novela podcast titulada Las gafas de Platón.
Si alguno de ustedes piensa que el género narrativo estaba tocado y a punto de hundido, como hace tiempo que afirman algunos agoreros --Eduardo Mendoza dixit, sin ir más lejos--, olvídenlo. Las gafas de Platón abre una nueva vía, un nuevo camino, tal vez una brecha, que estas cosas no se sabe ni cómo empiezan ni cómo acaban. Lo mismo a los de la ONCE les interesa.
Hoy la noche ha caído sobre Madrid más negra que ayer. Los gatos han desaparecido, y los pocos que quedan, si es que aún queda alguno, no sienten nostalgia de Valle-Inclán ni de Max Estrella. A lo lejos no se escucha ese horizonte de perros que ladra lejos del río.
Acaba de empezar un nuevo día, el primero de la era postmadrid2012, y quiero empezarlo leyendo, no a la sombra, que es de noche, pero sí en la cama.
Jueves, 07 de Julio de 2005 00:24 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Madrid 2012 (II)

reloj de sol.jpgDespejada la incógnita, el líquido viscoso caliente y húmedo del fracaso y el desamparo comienza a instalarse en las zanjas de las obras de este Madrid agostado por los rigores del mes de julio. Se pega a las paredes, amortiguando los sonidos de la ciudad, de tal modo que el anterior bullicio apenas es ahora un oscuro rumor ahogado por el ruido sempiterno del tráfico de calles y avenidas.
Madrid es en este verano una ciudad que no tiene reparo en mostrar sus intestinos a una ciudadanía paciente y misericordiosa, en esa suerte de exhibicionismo impúdico que son las múltiples obras con las que el Ayuntamiento tiene a bien recordarnos el poder omnímodo de las excavadoras: el gran monstruo enseña sus tripas.
Si el ladrillo, y por ende la construcción, representan una parte de nuestra economía, tanto la flotante y boyante como la sumergida y también boyante, la pregunta que flota en el aire es: ¿qué dirá ahora el trust de la construcción ante este fiasco? ¿Dónde estará ahora el gran negocio? Observen las caras de los mandamases del cemento, como Florentino Pérez, ¿por qué no dejan de sonreír?
Estas y otras preguntas me empiezan a calentar la cabeza. No me quedará más remedio que seguir a la sombra, eso sí: leyendo, y para no despistarme demasiado me llevo mi relojito de sol de pulsera. Claro que para saber la hora tendré que abandonar la umbría. ¡¡Uf, qué pereza!!
Miércoles, 06 de Julio de 2005 16:47 #. Miscelánea Hay 1 comentario.

¿Madrid 2012?

Madrid,
ruido, contaminación,
indiferencia,
todo, nada,
música, ruido, obras,
el Madrid oficial y el Madrid real,
el de las manifestaciones por la familia, el del orgullo gay,
el del 11-M (y el del 23-F)
el de Sabina, el de Aute,
el de Alberto, el de Esperanza,
el de Zapatero, el de Aznar,
el de todos, el de ninguno,
el de los pisos de mil millones (de pesetas), el de las chabolas,
el de los atascos interminables que ni siquiera Cortázar llegó a soñar en París,
el que me mata, el que nos mata, el que cada día muere un poquito al atardecer,
el de Quevedo, el de Cervantes, el de Cela, el de Umbral,
el de “No pasarán”, el de “Ya hemos pasao”
el sofisticado, el paletillo,
el que me sacia y el que me harta.
...
Hoy, miércoles 6 de julio, cuando apenas quedan unas horas para que se decida (¿o ya se ha decidido?) si esta ciudad de Madrid será (o no) sede olímpica en el año 2012, me pregunto si toda esa gente que anda por allá, en Singapur, rozando la gloria, habrán estado, aunque sólo haya sido de paso, en el infierno.
Se tarda sólo un ratito: desde el Palacio de la Moncloa, unos veinte minutos; desde la Zarzuela, no llegará a treinta; desde la Puerta del Sol, como una media hora...
Ya se sabe, Madrid es lo que tiene, enseguida llegas a cualquier parte.
Miércoles, 06 de Julio de 2005 00:07 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Vacaciones

Plaza Ayuntamiento.jpgHa llegado el momento de las vacaciones. El colegio, como un gigantesco cetáceo varado en la orilla, reposa ahora exhausto, como agotado después de un gran esfuerzo. Las aulas, vacías, apenas iluminadas por la tenue luz que se cuela por las rendijas de las persianas, permanecen en un oscuro silencio, tal vez en algún rincón perduren aún los ecos de los alumnos que hasta hace unos días las pisaron. El fino polvo de la tiza se ha depositado en el suelo y ya no se percibe esa mezcla de olores que se hacían presentes a diario. Ahora huele a nada. En algunas pizarras todavía pueden verse dibujos, palabras, números, despedidas; son como extraños ecos carentes de sentido. Dentro de poco manos afanosas las convertirán en silencio, sumándolas a la nada circundante.
Las mesas alineadas son apenas un esqueleto de metal y madera, y su simétrica disposición contribuye a dotarles de cierto aire fantasmal. Todavía se pueden ver algunos libros y cuadernos, como objetos fieles que quisieran resistirse a abandonar su lugar natural, pero no es fidelidad precisamente lo que los mantiene ahí.
Los pasillos parecen más grandes, y en la penumbra semejan los intestinos vacíos de un monstruo mudo que acabara de ser derrotado en una desigual batalla. Los pasos apenas resuenan en ellos. Las puertas cerradas no esconden secretos tras ellas, al otro lado no hay nada.
En la biblioteca los libros, correctamente formados en sus estanterías como tropa de papel, esperan.
Todos los años, por estas fechas de inicio de vacaciones, recuerdo el niño que fui en mi pueblo. El día que nos daban las vacaciones llegaba a casa corriendo y tiraba en cualquier lugar mi cartera de cuero. Vacaciones era poder estar casi todo el día en la calle, yendo y viniendo con mi vieja bicicleta, irnos los amigos a bañar al arroyo o a la alberca de alguna huerta, bajar a la vía del tren a poner unas monedas sobre el raíl y esperar que pasase el mercancías. Vacaciones era poder ir a las eras, a ver cómo se trillaban las mieses y se aventaba el grano. Vacaciones era regañar todos los días con mi madre porque no me quería echar la siesta, a pesar de que me amenazaba con una insolación que nunca me dio cuando intentaba coger alguna chicharra en el olivar. Vacaciones era dejar en la cartera la Enciclopedia Álvarez hasta después del verano y no sacar punta a los lápices con la navajilla que nos dejaba el maestro.
Vacaciones era, según mi madre, hacer el bruto por ahí a todas horas y exponernos a rompernos la crisma y dar un día algún disgusto gordo a alguien. Pero nosotros sabíamos que vacaciones era ser más felices de lo que ya éramos.
Lunes, 27 de Junio de 2005 00:00 #. Miscelánea Hay 5 comentarios.

La poética de la libertad en el Quijote (y su recreación por Itziar, 7 años, residente en Madrid, aunque viguesa, amiga de sus amigas y futura lectora de la novela de Cervantes)

Una de las claves para entender el Quijote, como ya notaron los lectores del XIX, es la poética de la libertad, poética que Cervantes aplicó tanto a lo argumental como a lo formal en su novela.
En efecto, en su novela Cervantes, que sufrió cautiverio en Argel, como recordarán, configura un héroe que quiere restituir el ideal de justicia en aquellas situaciones y circunstancias en que este ideal ha sido conculcado de alguna manera. Para ello no repara ni en nada ni en nadie, como sucede en la aventura de los galeotes (Quijote I, cap. XXII), en la cual tiene lugar el siguiente diálogo entre el caballero y su escudero bastante esclarecedor de las intenciones del personaje:
................................................
—Ésta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras.
—¿Cómo gente forzada? —preguntó don Quijote—. ¿Es posible que el rey haga fuerza a ninguna gente?
—No digo eso —respondió Sancho—, sino que es gente que por sus delitos va condenada a servir al rey en las galeras, de por fuerza.
—En resolución —replicó don Quijote—, como quiera que ello sea, este gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad.
—Así es —dijo Sancho.
—Pues desa manera —dijo su amo—, aquí encaja la ejecución de mi oficio: desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.
......................................................
Este es el espíritu que anima a don Quijote: deshacer injusticias y ayudar a los miserables, a los más débiles; la poética de la libertad explica la conducta del personaje.
Pero, por otra parte, también Cervantes escribe su novela bajo los parámetros de la libertad compositiva, como se pone de manifiesto en las historias intercaladas, los personajes de la segunda parte que han leído la primera (la literatura se hace vida y la vida literatura), el juego de mediaciones autoriales (un autor encuentra los papeles en árabe de otro autor cuando se le han acabado los documentos de los Anales Manchegos y que manda traducir) etc.; la poética de la libertad en lo formal nos ayuda a entender la escritura de la novela.

Si leen atentamente la recreación quijotesca que ha hecho Itziar en La nueva aventura de Don Quijote, lo entenderán perfectamente. Y también entenderán cómo, pese a los temores que manifiesta su padre, Itziar se está convirtiendo en alguien solidario, respetuoso, sensible hacia los otros, autónomo... en una persona que en su momento se encontrará con la novela de Cervantes y de alguna manera se reconocerá en ella.
Jueves, 23 de Junio de 2005 18:56 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Luna lunera

Luna lunera.jpgHoy la luna se adueña del cielo, y en la inmensa negrura vacía será ella la protagonista por esta noche. Estimado lector (inciso: no sé a quién me dirijo, ¿me leerá alguien? me pregunto...), si estás ahí, al otro lado de la pantalla, no dejes de echar hoy una mirada a la luna y no envidies a Júpiter, que con sus dieciséis hubiera vuelto locos a los lunáticos y licántropos más exigentes.
Miércoles, 22 de Junio de 2005 12:52 #. Miscelánea Hay 4 comentarios.

El exilio de los niños

Este es el título de la exposición que el Círculo de Bellas Artes de Madrid ha dedicado a aquellos que nunca han empezado una guerra pero han sido los que más han sufrido y perdido en todas. El objeto de la muestra es el exilio de los niños españoles que el Gobierno de la República junto con distintas organizaciones evacuó a otros países que les dieron acogida para alejarlos de la guerra de España, nuestra Guerra Civil (1936-1939).
La exposición recorre a través de diversos documentos, fotografías, cartas, materiales de distintos archivos tanto españoles como extranjeros, objetos cotidianos como muñecos de trapo, cuadernos escolares, precarios juguetes, el drama de estos expatriados forzosos que tuvieron que abandonar su país e instalarse en otros cuyas lenguas y costumbres en la mayoría de los casos desconocían por completo.
Por ejemplo, Francia, el país que más niños acogió (unos 20.000); o Gran Bretaña, a donde fueron unos 4.000; la Unión Soviética, allá fueron 2.900. Bélgica acogió a 5.000; México recibió a 500, como Suiza. En total unos 33.000 niños y niñas fueron evacuados de España en distintos momentos de la guerra e iniciaron así un exilio forzoso que les deparó circunstancias diversas: unos volvieron reclamados por sus padres o algún familiar directo, otros, con menos suerte, allí quedaron, en algunos casos para siempre.
En el recorrido por las salas de la exposición el visitante ve fotografías de grupos de niños pobremente vestidos, los chicos con el pelo muy corto —al rape, se decía—, junto a bultos, hatos, maletas de madera, que constituyen su equipaje. Se les ve con caras serias, de niños-hombre, como si de alguna manera fueran perfectamente conscientes de lo que están viviendo y tal vez de lo que van a vivir. También puede leer el visitante alguna carta que mandó algún niño con esmerada caligrafía a sus padres, o documentos de estos reclamando a través de organizaciones internacionales a sus hijos. Sobrecoge, especialmente, la lectura de una carta escrita a su mujer e hijos por un hombre apenas unas horas antes de ser fusilado.
En esas fotografías, ya digo, casi siempre de grupo, suele haber un niño o una niña que mira directamente al objetivo de la cámara; la cara seria, digna, y unos ojos que transmiten una extraña sensación de tristeza. Es una tristeza que ha recorrido tiempos y espacios, una tristeza universal. Tal vez el paradigma de la tristeza absoluta, la de un niño a quien sus padres han tenido que mandar a otro lugar, muy lejos de donde nació. No es solamente la tristeza del abandono, no. Es una tristeza que de alguna manera se transmite a los ojos del visitante, como si algo en el papel de la foto permaneciera vivo aún, resistiéndose al paso del tiempo. El visitante, perturbado ante esta visión, no tarda en reconocer esos ojos en otros más cercanos: Vietnam, Etiopía, Ruanda, Afganistán, Irak...
El visitante ve las fotografías, y éstas le están mirando desde el pasado. Hay reciprocidad en la mirada. No es una mirada lo que allí se ve. Y el espectador, inevitablemente, se pregunta por el destino de esos niños, que no son historia, sino intrahistoria, una parte de la memoria que se actualiza en la mirada de otros niños, los mismos siempre, los que lo perdieron todo. ¿Qué habrá sido de esta niña que da a la mano a un niño pequeño? ¿Serían hermanos? ¿Y aquél, que mira desafiante a la cámara, volvería a casa? ¿Por qué sonríe esta niña, ésta, la que está al lado de este muchacho con el pelo casi al cero, completamente hierático?
Cuando el visitante abandona la exposición y recorre la acera de la calle de Alcalá, la Cibeles al fondo, entre un mar de chapas de colores, va pensando si no se le habrá pasado algo, algún detalle, ese algo que otorgue un cierto sentido a lo que ha visto, o al menos un sentido diferente. Recuerda los rostros, las manos, los vestidos, los harapos. Pero no recuerda haber visto lágrimas, una cara llorosa, ni siquiera una cara que gimotee. El visitante, entonces, piensa que tal vez debería volver otro día.
Jueves, 16 de Junio de 2005 00:06 #. Miscelánea Hay 6 comentarios.

Leer hacia el pasado, leer hacia el futuro

La literatura no consuela, pero puede servirnos de espejo en el que mirarnos y reconocernos, y a través del cual podamos establecer un fructífero diálogo con el texto, con otros lectores y, en última instancia, con nosotros mismos. La lectura, así, contribuye a hacernos, a construirnos, a levantar el armazón emocional e intelectual del que estamos hechos y del que estamos permanentemente haciéndonos. Aceptada esta idea de la literatura como formación, podemos hablar básicamente de dos tipos de lectura.
En primer lugar está una lectura hacia el futuro, anticipatoria, con la que leemos la vida, lo que nos ayudará después a vivirla, pues leyendo se aprende de alguna manera a vivir. La lectura deviene así en una auténtica educación sentimental.
La segunda es una lectura hacia el pasado que trata de explicar lo vivido reconstruyendo la memoria personal y social. Y aún cabe considerar una tercera: la lectura sobre la marcha, irreflexiva o de puro entretenimiento, leer para pasar el rato, sin mayores pretensiones.
En los años iniciales de formación, años de aprendizaje, prima la lectura anticipatoria, mientras que en la edad adulta lo que predomina es la lectura retrospectiva. Ahora bien, me pregunto si estos esquemas no estarán cambiando en la actualidad, pues parece que los lectores jóvenes tienden a ser menos, mientras que los adultos tienden a ser más. Es decir, se estaría empezando a imponer en el marco lector la lectura retrospectiva frente a la anticipatoria. Tal vez los lectores adultos sean bastante escépticos ante el futuro, y vivir al día es lo que se impone en este mundo tan complejo y a veces caótico, imprevisible. El futuro está ahí, sí, pero bastante tengo con soportar y administrar mi presente, sobrevivir a diario y encima entender mi pasado, no se me pida más; parece que vienen a decirse muchos lectores.
No es de extrañar, por tanto, que en este escenario de incertidumbre ante los destinos humanos se vaya imponiendo en una amplia franja de lectores esa tercera vía, la de la lectura como puro entretenimiento, literatura kleenex, de usar y olvidar, que no consuela, pero al menos distrae.
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PS: Lista de los libros de ficción más vendidos
1º.- La conspiración, Dan Brown.
2º.- La velocidad de la luz, Javier Cercas.
3º.- La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.
4º.- La mujer justa, Sandor Marai.
5º.- Pasión india, Javier Moro.
6º.- Ángeles y demonios, Dan Brown.
7º.- La pirámide, Henning Mankell.
8º.- El Código Da Vinci, Dan Brown.
9º.- En el blanco, Ken Follet.

Libros más solicitados en bibliotecas públicas:
1º.- Ángeles y demonios, Dan Brown.
2º.- El reino del Dragón de Oro, Isabel Allende.
3º.- Cabo Trafalgar, A. Pérez-Reverte.

(Fuente: Suplemento ABCD las artes y las letras, 11/6/05)
Domingo, 12 de Junio de 2005 00:46 #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Novela, mercado y el nuevo concepto de lector

Para la mayoría de los lectores la lectura de una novela es, sobre todo, una vía de esparcimiento y sus expectativas de distracción se ven cubiertas sobradamente con novelas convencionales que poco o nada aportan a la Literatura. Estas novelas están en la mayor parte de los casos correctamente escritas, sus autores son novelistas con oficio, y conectan fácilmente con la sensibilidad del lector porque le cuentan cuestiones de la realidad social, de las relaciones de pareja, del mundo laboral, etc., que a aquél le llegan a resultar medianamente interesantes, y en las que fácilmente tiende a reconocerse.

Algunas de estas novelas han adquirido o están adquiriendo una cierta relevancia y sus autores una cierta significación, que se deben a factores extraliterarios relacionados con las leyes de la promoción y del mercado. Esto es una clara manifestación del poder de una industria editorial desarrollada en los años noventa, asociada en algunos casos a poderosos grupos de comunicación, y que dictamina qué es bueno y qué debe leerse, con criterios ajenos, en la mayoría de las veces, a esquemas propiamente literarios. Se impone el mercado en detrimento de la literatura, tal y como vienen a evidenciar la promoción mediática de la última novela de Pérez Reverte o los premios Nadal y Planeta de Lucía Etchevarría.

Es cierto que ahora en España se venden más libros que antes y se lee más que antes, y posiblemente se esté editando por encima de la demanda real del mercado. Una visita a la Feria del Libro de Madrid bastaría y sobraría para comprender que es casi imposible que todo lo que se publique sea leído, o que alguien pueda estar al día en narrativa española actual.

Cuestión muy diferente es qué se lee, es decir, la calidad de lo leído. Que tenemos actualmente una gran oferta narrativa es indudable, pero deberíamos preguntarnos por la calidad de lo que se publica. No creo equivocarme mucho si afirmo que la calida de la novela española actual deja mucho que desear. Es esta una apreciación de lector que se empezó a interesar seriamente por la novela española ya en la década de los ochenta y que pocas veces tiene ocasión de leer novelas que reconozca como buenas y que sean capaces de aguantar el juicio de la posteridad, de nutrir la conciencia, de desempeñar una función esencial en la creación de la vida interior, novelas que no nos dejen indiferentes, que perduren en nuestra conciencia de lector días y semanas después de haber sido leídas y que algún día podamos revisitar renovando y aumentando las sensaciones que un principio nos provocaron; novelas, en fin, que tengan la capacidad de nutrir a los lectores, a los verdaderos lectores, como afirmó Susan Sontag en su discurso de los Premios Príncipe de Asturias.
Afirma Nuria Amat que “el desprestigio que, desde el punto de vista de calidad literaria, sufre la novela tiene su origen, en parte, en las leyes devoradoras del mercado y en la banalidad que impregna la cultura de la sociedad moderna. Estas causas han hecho que se considere la novela como el más frívolo de los géneros literarios y que los novelistas seamos vistos y utilizados como marionetas mediáticas. Símbolos o marcas de una realidad social cada vez más ruidosa e impostada, dispuesta a servirse de la novela como trampolín publicitario de sus productos de mercado.” ("La enfermedad de la novela". Diario El País, martes 13 de noviembre de 2001).

Ciertamente, en el mundo de hoy la novela se ha convertido en una esclava de los grandes grupos mediáticos, y sus autores en novelistas que se acaban asimilando a esos grupos como columnistas en sus diarios, asesores de sus editoriales, colaboradores en sus programas de radio y televisión y algunos hasta llegan a convertirse en escritores de novelas que terminarán siendo inevitables guiones cinematográficos. La imagen del escritor rebelde, del enfant terrible, opuesto al sistema, ha pasado a mejor gloria. Ahora los autores se arriman a la sombra protectora de esos grandes grupos de comunicación o se convierten en funcionarios de un Estado generoso con los que se supone que debían militar en la disidencia (1).
Como muestra de esa relación perversa entre novela y grupos mediáticos, no quiero dejar pasar la ocasión de referirme someramente a la vergonzosa salida del crítico Ignacio Echevarría del suplemento Babelia del diario El País por haber criticado duramente la última novela de Bernardo Atxaga, El hijo del acordeonista. La novela apareció en el sello Alfaguara, editorial del grupo Prisa, propietario también de El País, y el director del periódico zanjó la cuestión de manera meridiana censurando al crítico y dejando claro que Atxaga es un autor “blindado” para Prisa. Aunque el asunto circuló ampliamente por Internet, donde aún quedan rastros, remito al lector interesado al reciente libro de Echevarría, donde encontrará cumplida noticia de este asunto y de otros de no menos interés.(2)
La novela actual adolece en demasía de facilidad, y esa facilidad está en relación con el cambio operado en el concepto de lectura y en las exigencias del lector. En este sentido, creo que nos deberíamos hacer dos preguntas: ¿para qué se leen novelas? y ¿para qué sirve la novela? Intentaré dar respuestas simples a preguntas complejas, aun a riesgo de simplificar en exceso.

¿Para qué se leen novelas? Muchos lectores, si no la mayoría, leen novelas para divertirse, porque la literatura y la novela, sobre todo, tienen que ser algo divertido, algo entretenido en sí mismo. Esto es una falacia mercantilista que emparenta lo bueno a lo divertido, y consecuentemente a lo fácil. Supone, más que nada, una actitud ante la lectura: si la novela me gusta, me divierte, merece la pena. Pero el peligro de esta superficialidad es que abona el terreno de lo costumbrista, de lo anecdótico, lo previsible, lo trivial, en detrimento de una lectura del texto narrativo emparentada con el conocimiento, la formación, una lectura que no nos dé tregua, que nos instale en las preguntas, que nos perturbe. Una lectura, en fin, que sea constructora del sentido del texto, una lectura que en cierta manera sea capaz de cambiar la vida del lector.
La relación mercado/literatura ha originado un nuevo tipo de lector, un lector que busca la satisfacción inmediata, casi instantánea, sin excesivas complicaciones, atento a los premios y a los lanzamientos, que consume lo que aparece en los estantes de novedades de las librerías, poco exigente, con escasas pretensiones. Lee, o más bien consume, una novela “fácil”, de recompensa inmediata.
Para matizar el concepto de novela fácil quiero recordar lo que dijo Milan Kundera: me gustan las novelas fáciles de leer pero difíciles de entender. Creo que debemos entender esta idea en la línea que propugna Félix de Azúa (3): la novela es un artefacto artificioso pero no tiene por qué ser complejo, es complejo aquello que requiere un conocimiento de códigos previos a su descifrado, y es sencillo aquello que lleva incorporado su propio código de descifrado, y descubrir y aplicar ese código incorporado es el auténtico reto del lector, ahí radica la dificultad a la que se refiere Kundera.

No estoy propugnando una novela hermética, destinada a especialistas, con claves que hagan de la lectura una reconstrucción poco menos que detectivesca propia de un curso de doctorado. No. Me alineo con Kundera: una novela que sea fácil de leer pero que su desentrañamiento nos haga entrar en diálogo con el texto, un diálogo lleno de posibilidades, que nos lleve a preguntas más que a respuestas.
En cuanto a la segunda pregunta, ¿para qué sirve la novela?, he de reconocer que es lo mismo que si me preguntara por la literatura o por la pintura, por lo que no creo que sea fácil elaborar una respuesta medianamente aceptable. Si creemos que la novela sirve sólo para divertirnos, para distraernos, estaremos concibiendo su lectura como un pasatiempo más, reduciendo el texto a un esquema próximo a otros sistemas de diversión muy atractivos y eficaces y relacionados con la imagen, de entre los que destaca el cine. Y sospecho que en este terreno la novela está perdiendo la partida entre los más jóvenes.

Pero, como dije más arriba, respuestas sencillas a preguntas complejas. Podríamos convenir que la novela sirve para proporcionar un placer de orden intelectual al lector en el transcurso de su lectura y para ayudarle a entender un mundo que no acaba de entender, para ponerle ante sí el reto de la lectura y sentirse coautor de lo narrado, para nutrir el alma, para entender que la ficción es necesaria, para mirar hacia fuera y ver dentro de uno mismo, para leer la vida, para vivir más vidas... para llegar a pensar, en fin, que la novela y, por extensión, la Literatura es algo necesario.

(1) Rafael Chirbes, El novelista perplejo. Edit. Anagrama, Barcelona 2002.
(2) Ignacio Echevarría, Trayecto. Un recorrido crítico por la reciente narrativa española. Edit. Debate, Barcelona 2005.
(3) Félix de Azúa, Lecturas compulsivas. Edit. Anagrama, Barcelona 2003.
Viernes, 03 de Junio de 2005 22:52 #. Miscelánea Hay 4 comentarios.

De cuento

Si tuviera que definirme como lector, no dudaría en hacerlo como lector de cuentos.
También soy fiel a la novela, a esa novela que intenta abarcar toda una vida, pero leer cuentos es entrar en un fragmento, un episodio, un instante de vida que aspira a la eternidad.
Ya nadie menosprecia el cuento como hermano raquítico de la novela, y se reconoce ampliamente que este subgénero narrativo tiene, debido a su economía de medios, unas dificultades que hacen de él algo complejo, y que su complejidad radica precisamente en esa economía.
Es complicado definir qué es un cuento, y más si lo hacemos por oposición a la novela (1). También resulta difícil precisar qué es una novela. Tal vez solo se me ocurra decir ahora que aquél es más antiguo que ésta, y poco más. A veces el cuento se solapa con otros géneros, pensemos —por ejemplo— en los articuentos de Juan José Millás. Si para definir la novela aceptamos que en esta cabe todo, para el cuento digamos que puede ser casi cualquier cosa.
Gabriel García Márquez afirma que “la intensidad y la unidad interna son esenciales en un cuento y no tanto en la novela, que por fortuna tiene otros recursos para convencer. Por lo mismo, cuando uno acaba de leer un cuento puede imaginarse lo que se le ocurra del antes y el después, y todo eso seguirá siendo parte de la materia y la magia de lo que leyó. La novela, en cambio, debe llevar todo dentro. Podría decirse, sin tirar la toalla, que la diferencia en última instancia podría ser tan subjetiva como tantas bellezas de la vida real.”
No es cuestión de elaborar ahora una poética del cuento, pero podríamos convenir, para no liarnos demasiado, que un buen cuento es una ficción en prosa de corta extensión, un auténtico reto, en el que prescindiendo de cualquier elemento que no esté al servicio de lo narrado, el lector se vea abocado a un final que sea un auténtico quiebro, de tal manera que el enigma se produzca en la mente del lector y no en el texto. Ahí es nada: que lo pequeño se haga grande. Es por ello que un suceso cualquiera, sin importancia, puede ser el germen de un gran cuento, como han demostrado autores de la talla de Ana María Matute, Luis Mateo Díez, Cortázar, Ignacio Aldecoa, Medardo Fraile, etc., que supieron entender el cuento como un artefacto narrativo complejo, que incita al lector a descifrar un misterio que está más allá del propio texto. Tal vez por eso sea el cuento la modalidad literaria más inflexible, territorio fronterizo con la novela y la poesía. En muchos cuentos de esos y de otros autores he encontrado historias aparentemente insignificantes e insustanciales que se han convertido en magnífico observatorio de la conducta humana en su insignificancia y su grandeza.
(1) M. Baquero Goyanes, Qué es la novela, qué es el cuento. Universidad de Murcia.
Domingo, 29 de Mayo de 2005 18:37 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Cabeza, tórax y extremidades

Amnistia.jpgHojeando el diario El País de ayer (26 de mayo) me he encontrado con una noticia que a medida que iba leyendo se ha convertido poco a poco en un extraño insecto que emite un ruido que no sabría bien definir. Es negro, y con sus patas se desplaza pesadamente no sé bien a dónde. El día ha terminado de una forma turbia que no había previsto. He leído la noticia con ese cuidado con el que los entomólogos manipulan delicadamente al animal objeto de estudio. He levantado sus élitros y han aparecido malformaciones: redefinición de la tortura, usurpación del lenguaje, subcontratación de la tortura... Creo que estoy ante una mutación. Debería levantar el exoesqueleto, pero no estoy seguro de lo que me voy a encontrar.

CABEZA
Amnistía denuncia que EE UU está redefiniendo la tortura

TÓRAX
Amnistía Internacional denuncia que la guerra contra el terrorismo liderada por EE UU se está llevando por delante 60 años de derecho internacional hasta el punto de que en 2004 dio pasos para "redefinir" la tortura para poder aplicarla. En su informe anual sobre el estado de los derechos humanos, la organización dibuja un panorama sombrío en el que los derechos básicos son laminados "en nombre de los derechos humanos". Y el mundo, sostiene, no es más seguro, sino todo lo contrario: los terroristas llegaron en 2004 a "niveles inauditos de crueldad", según Amnistía.

EXTREMIDADES
Amnistía considera que las prácticas de tortura que en su opinión Estados Unidos ha aplicado a detenidos de la "guerra contra el terrorismo" —en las cárceles de Abu Ghraib (Irak), Bagram (Afganistán) y Guantánamo (Cuba)—, prohibidas por todas las convenciones internacionales, se practican bajo un nuevo "lenguaje administrativo", que aspira a hacerlas admisibles con expresiones como "manipulación sensorial", "posturas estresantes" o "manipulación medioambiental". En Londres, la secretaria general de la organización, Irene Khan, calificó incluso a Guantánamo de "el gulag de nuestro tiempo", informa Reuters.
Amnistía considera que, en 2004, se ha documentado por vez primera la "subcontratación de la tortura" por parte de EE UU hacia países cuyos estándares en la protección de derechos humanos son muy inferiores a los de las democracias occidentales. Con esta política, centenares de presos capturados por EE UU en Afganistán e Irak han sido supuestamente trasladados en cárceles de Marruecos, Egipto y otros países y en algunos casos se les ha perdido la pista, según la prestigiosa organización de derechos humanos.
Viernes, 27 de Mayo de 2005 00:38 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

El pianista de la playa

El piano.jpgLos periódicos daban cuenta recientemente de la aparición el pasado 7 de abril en una carretera de una ciudad del condado de Kent, cerca de una playa, al sur de Inglaterra, de un hombre elegantemente vestido, con las etiquetas de sus ropas cortadas y que no decía palabra alguna. Cuando la policía se acercó el hombre se asustó pero dejó que se lo llevaran. Nervioso y desorientado, fue conducido al hospital marítimo de Medway, donde, en un intento de comunicarse con él, le dieron lápiz y papel y el hombre dibujó un piano de cola y una bandera sueca. Lo llevaron a la capilla del hospital y cuando vio el viejo piano se sentó y comenzó a interpretar música clásica durante cuatro horas. Desde entonces sólo toca el piano y continúa sin hablar, incluso escribe en papel pautado sus propias composiciones. Ahora, en un intento de averiguar quién es este hombre se ha hecho pública su fotografía, después de que intérpretes de varias lenguas intentasen hablar con él. El Piano Man, como le llama la prensa británica, sigue siendo un misterio y de él nada se sabe todavía.
Los médicos del hospital desconocen qué es lo que ha llevado a este hombre a su actual situación pero por sus reacciones afirman que está angustiado y deprimido y su estado es de máxima ansiedad. Sólo se relaja frente al piano, que toca como un virtuoso, y del que hay que separarle casi a la fuerza.
Me pregunto qué experiencia traumática habrá provocado en este hombre esa amnesia de la palabra, que no de la música. No se expresa con la palabra, pero lo hace con sus manos recorriendo las teclas del piano. En su cerebro, el área del lenguaje oral ha enmudecido, pero no esa otra parte del lenguaje musical.
Para nosotros es un hombre sin pasado, pues no puede hacer un relato oral de lo vivido, y eso nos resulta inquietante. Queremos saber quién es, pero también quién ha sido —recuerdo ahora las palabras de Paul Valéry: la memoria es el porvenir del pasado—, por ello encontramos el sentido del presente en el pasado. Los médicos se preguntan si habrá sufrido algún tipo de trauma que le haya llevado a esta situación, pero también deberíamos preguntarnos si en su cerebro no ha tenido lugar alguna alteración neurofísica, alguna clase de tumor, por ejemplo, que haya originado alteraciones en su mente.
Domingo, 22 de Mayo de 2005 17:40 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

La envidia

"¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos lo vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo; pero el de la envidia no trae sino disgustos, rencores y rabias." (Quijote II, 8).
De la envida ya dijo Borges que es el vicio español, y apuntaba que llamamos a lo bueno “envidiable”. Para Bertrand Russell es, después de la preocupación, una de las causas más poderosas de infelicidad, y una de las pasiones humanas más universales y arraigadas (1).
Cierto es, como afirma Don Quijote, que la envidia es un vicio que no da placer. Se envidia lo que se ve, pero con una mirada, un enfoque determinados, precisos, sobre lo inmediato; por eso envidiamos a seres próximos, cercanos, del entorno. La envidia no opera sobre abstracciones, sino sobre lo concreto: el nuevo coche del vecino, la casa de ese compañero de trabajo, al primo al que le ha tocado la lotería. La envidia tiene que ver con el entorno, no envidiamos a un potentado alemán, no, está demasiado lejos. Lo inmediato es ese vecino, ese compañero, ese primo.
La envidia, un vicio triste, tiene una falsa cara alegre: nos alegra la desgracia del vecino o del compañero de trabajo... Su fracaso es una parte de nuestro pequeño triunfo.
Tal vez fue la envidia la que llevó a Enric Marco (ver 14/5/2005) a inventarse una vida que nunca tuvo y deseó tener, que nunca vivió pero deseó haber vivido, la parcela de gloria que tienen los presos españoles republicanos que estuvieron en los campos de concentración alemanes. El estatus “envidiable” que no pudo resistir. Por eso inventó cosas pequeñas, corrientes, nunca heroicidades. Lo corriente, lo de los demás, lo que le pasó a cualquiera. ¿Por qué yo no? se dijo un día este hombre, ¿por qué ellos y yo no? Y el ovillo de la mentira fue creciendo. Incluso este hombre llegó a ser una persona envidiable.
¿Podemos estar seguros de que no haya otros como él?

(1) Bertrand Russell, La conquista de la felicidad
Martes, 17 de Mayo de 2005 19:57 #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Impostura

Enric Marco.jpgLos diarios del miércoles 11 de mayo publicaban la noticia de la impostura de Enric Marco, presidente de la asociación Amical de Mauthausen, del que se ha sabido ahora que nunca estuvo preso en un campo de concentración alemán.
Es la historia de una impostura, de una tremenda mentira mantenida durante 30 años por este hombre que aquí vemos en una fotografía publicada en el diario El País.
Marco dice que fabricó esa mentira para contribuir a la causa, la divulgación de los sufrimientos de los españoles que estuvieron internados en campos de concentración alemanes durante la segunda Guerra Mundial.
La historia me parece que tiene más de literaria que de otra cosa. Un hombre se convierte en narrador de una historia que le tiene a él mismo como protagonista, y ha tenido que hacerlo muy bien, pues durante treinta años su narración ha funcionado.
Ante la fotografía de este personaje, arrugado por los años, que mira casi insolentemente al fotógrafo, me pregunto si acaso no nos inventamos una parte de nuestra vida cuando se la referimos a los demás, es decir, cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en lo que decimos. Este hombre narraba una vida que no vivió, pero que acabó viviendo en la ficción. Es decir, construyó para sí toda una vida. Hizo de su vida una aventura literaria, una trama argumental que fue construyendo poco a poco, hasta levantar un sólido edificio narrativo, pero le ha fallado el desenlace. Ahora, repudiado por todos, tal vez se pregunte si no tenía derecho a vivir otra vida más amplia, la de la ficción, habida cuenta que le guiaba un noble interés. Pero en muchas narraciones el autor no sabe resolver el final de lo narrado, fallan algunos cabos.
Quizás sea este el caso de Enric Marco, que no supo resolver el desenlace.
Sábado, 14 de Mayo de 2005 20:16 #. Miscelánea Hay 5 comentarios.


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