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Leyendo a la sombra

William Trevor, Verano y amor

William Trevor, <em>Verano y amor</em>

     Una tarde de julio de los años cincuenta, aparece montando en bicicleta en Rathmoye, un pequeño y tranquilo  pueblo de Irlanda en el que nunca pasa nada, Florian Kilderry, un joven de poco más de veinte años con la intención de hacer unas fotografías de un cine en ruinas. Le indica el camino la joven  Ellie, mujer de Dillahan, un maduro granjero marcado por una terrible tragedia familiar, con el que se casó después de salir del orfanato.

     El destino llevó a Ellie a servir a la granja de Dillahan, hombre viudo que soporta el sufrimiento de la muerte de su esposa y su bebé en un extraño accidente. La vida de Ellie transcurre tranquila y rutinaria, una vida aparentemente feliz pero sin  ningún horizonte. Ayuda a su marido en algunas tareas de la granja y acude al pueblo a vender huevos y a hacer compras. Esa vida se altera cuando aparece Florian, un veinteañero melancólico que está ultimando la venta de la casa de sus padres, pues carece de recursos para vivir y necesita ese dinero.

     Aunque la vida de Ellie y Dillahan transcurre de manera ordenada, el azar hace que la pasión, repentina, empuje a Ellie hacia una turbadora relación con Florian, quien siente ternura por la ingenuidad de la muchacha, que descubre entonces un mundo que ni siquiera había imaginado. Esa pasión, como las ondas de un estanque, llegará incluso a afectar a algunos habitantes del pueblo y desembocará en un desenlace sorprendente y magistral.

     Y todo ello en un marco en el que el autor va desgranando por aquí y allá trozos de las vidas de los habitantes del pueblo, que se van enlazando poco a poco,  se relacionan unas con otras, y configuran un complejo mapa en el que esas vidas adquieren sentido en esa sociedad pequeña y tradicional.

     Pero esta novela no es solamente una historia de amor, y su autor da entrada en ella a otros temas también complejos, como el papel del destino en la vida que nos llega a llevar a territorios que nunca habíamos sospechado siquiera que existieran; o la presencia inevitable del pasado.

     Quisiera llamar la atención de los posibles lectores sobre otro de los interesantes temas de esta obrita: la irresponsabilidad de los afectos, pues Florian siente ternura por la muchacha, pero esta se enamora ingenuamente de él, lo que plantea la posibilidad de un amor cruel.

     Y todo ello contado de manera magistral, con un estilo detallista no exento de un lirismo contenido.

     Repare el lector en el final y déjese llevar…

 

Wiliam Trevor, Verano y amor

Edit. Salamandra. Barcelona 2011. 218 pág. 15,90 €.

 

Tal vez te apetezca leer el primer capítulo

 

La carta. Historia de un comisario franquista

<em>La carta. Historia de un comisario franquista</em>

Antonio Batista, La carta. Historia de un comisario franquista.

Editorial Debate. Barcelona, 2010. 287 páginas. 21,90 €

 

Querido amigo Rodolfo: Me atrevo a adjuntarte un resumen de mi histo­rial profesional, por si puedes distraer tu atención y leerlo. En él va relatado sucintamente lo sucedido desde mi nombramiento como Jefe Superior de Bil­bao y de Sevilla, en lo que atañe también a las causas del expediente, pues sé de sobras que la contestación de la Dirección Gral. de Seguridad será la­cónica y fría. Por eso quiero que tengas mi versión, que he procurado fuera todo lo objetiva posible dentro de mi desesperanza, dolor y resentimiento. Perdona mi insistencia en este asunto que por otra parte mis abogados y pro­curadores llevarán si es preciso ante el Supremo, Contencioso Administrati­vo, pues creo que no merezco esta medida tan draconiana y falta de huma­nidad, castigándome de esa forma no sólo a mi sino que a mi esposa e hijos.

Reitero mi afecto y lealtad a la persona que tanto interés y compren­sión ha tenido para conmigo. Un gran y fuerte abrazo.

Antonio

 

En el año 1941, fui trasladado de Bilbao a Barcelona, en la capital vizcaí­na empecé mi vida profesional, teniendo varias felicitaciones y premios por mi actuación, encuadrado en la Brigada Social y más tarde en la de Información.

En la ciudad condal pasé destinado, voluntario a la Brigada Social que mandaba el Sr. Quíntela (q.e.p.d.) y en el Grupo Anti-comunista que dirigía el Sr. Polo (q.e.p.d.).

En el transcurso de mi vida profesional, dedicado por completo a ella, sin tener otra ocupación o colocación nunca, intervine siempre en los servicios más importantes realizados por la Policía desde el año 1941 al 1968, en Cataluña, atracos, Partido Comunista, Movimiento Libertario, F.A.I. — C.N.T. —J.J.L.L., Sección Militar del Front Nacional de Catalunya, y su organización política, de carácter ultra-separatista, Movimiento Socia­lista de Catalunya, del mismo ideario separatista que la anterior, organi­zaciones del P.S.U. de C. y sus organizaciones de masas. Captura por mi del «líder», Secretario General del P.S.U. de C., Juan Comorera Soler, y de otros muchos dirigentes del Comité Central venidos de Francia, gru­pos de «guerrilleros» (bandoleros) de ciudad y de montaña del Partido Comunista, perfectamente armados e instruidos. Captura y desarticulación en España, por primera vez, de un aparato de espionaje del Ejército So­viético, que funcionaba en Madrid, Barcelona y Valencia, denominado G.R.U. ¡Directorio General de Inteligencia!, con incautación de varias emisoras, máquinas fotográficas y otro material, detención de varios «agen­tes» de dicho Servicio. Todo fue pasado al Alto Estado Mayor, por su gran interés. Fui felicitado por las autoridades militares.

Tiroteos y captura de los Grupos «Sariego, Hermanos Sabater, Face­rías, Los Primos, Los Culebras» y otros, siempre voluntario y con riesgo de mi vida, muchos días salía confesado y comulgado a tomar el servicio, pues no sabía si me tocaría caer como tantos compañeros. […]

 

 

 

    Así empieza la extensa carta manuscrita que, con fecha del 14 de septiembre del año 1974, el entonces gobernador civil de Barcelona y jefe provincial del Movimiento, Rodolfo Martín Villa, recibió del comisario Antonio Juan Creix.

    Martín Villa, uno de los personajes claves de la Transición, desempeñó altos cargos en la dictadura franquista, fue Ministro de Relaciones Sindicales en el primer gobierno de la monarquía, presidido por Carlos Arias Navarro, y al comienzo de la transición democrática, con Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno, ocupó la cartera de Gobernación. Se le conocía popularmente como "la porra de la Transición", debido a la excesiva dureza que empleaba en reprimir manifestaciones obreras y estudiantiles. Llegó incluso a negociar con ETA, y se le relacionó con la guerra sucia contra el terrorismo en aquellos años.

    El comisario Creix había desempeñado todos los cargos posibles en la policía, desde el de policía raso al acabar la Guerra Civil, hasta jefe superior en el País Vasco y Andalucía. Estaba especializado en la lucha anticomunista a la que se dedicó con total abnegación, como muy bien recordaron siempre las víctimas de la temible Brigada Político Social. Era un policía eficaz que había estado detenido en una checa de Barcelona durante la Guerra Civil y ahora se empleaba a conciencia contra sus antiguos enemigos.

    Pero el condecorado y tantas veces felicitado por sus superiores comisario Creix acabaría su carrera de brillante policía de la manera más ignominiosa: acusado de malversar fondos, fue sancionado con un expediente disciplinario y una suspensión de empleo y sueldo de tres años que vino a suponer una jubilación anticipada pero sin derecho a cobrarla. Por aquel entonces, Franco había iniciado el largo camino irreversible hacia la muerte y todo el mundo sabía que en los meses venideros se iba a dilucidar el futuro del país. Había llegado la hora de tomar posiciones para estar bien situado en los nuevos tiempos que se avecinaban. Incluso los propios franquistas se iban preparando para ese momento, y se iniciaba así el debate entre los que querían a toda costa perpetuar el franquismo, la vieja guardia, y aquellos que veían la necesidad de reformarlo.

    Era el momento en el que los llamados reformistas escamoteaban parte de su pasado y tiraban de maquillaje astutamente, pues veían que se les venía encima un sistema democrático que amenazaba sus aspiraciones y estatus de poder.

    En este contexto, en el que los más moderados del régimen veían como inevitable posicionarse para el pacto de la famosa Transición, el comisario Creix suponía un grave problema, pues era el prototipo de la represión franquista contra los demócratas con los que habría que negociar en un futuro que estaba a la vuelta de la esquina. Y había que quitarlo de en medio. Creix era el prototipo del policía franquista que arrancaba las confesiones a los detenidos a base de torturas de todo tipo, y los franquistas que veían la oportunidad de hacer política en la democracia no iban a ser creíbles si se mantenía a policías como él. Su depuración supuso que otros policías con historiales parecidos al suyo fueran reciclados para aprovechar sus métodos y experiencia en la lucha contra ETA.

    Esa carta de Creix a Martín Villa le ha servido a Antoni Batista para construir un buen reportaje sobre la vida de este policía y la época en la que trabajó, un relato de la represión policial de nacionalistas catalanes, y la descripción detallada de juicios e interrogatorios, detenciones y torturas.

    En estos tiempos "líquidos" en los que los hechos que se refieren en este libro resultan muy lejanos o completamente desconocidos para muchos, no estaría de más una lectura detallada de esta obra. Aquellos que vieron con estupor la película La vida de los otros encontrarán en este libro nuestra particular versión del asunto. A veces se olvida demasiado deprisa y en estos tiempos de crisis y desencanto, la mirada crítica hacia el pasado se hace cada vez más necesaria, pues es de allí de donde venimos.

    Todavía recuerdo de mis tiempos de estudiante en Madrid, en los años setenta, el miedo que infundía uno de esos "eficaces" policías, Juan Antonio González Pacheco, al que se conocía como "Billy el Niño", y el terror a sus interrogatorios en la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol. Curiosamente, muchos de los policías que estuvieron a sus órdenes se integraron en los ochenta en la Brigada Antigolpe, pues sus relaciones con la extrema derecha les facilitaban las labores de información como infiltrados.

    Policías como estos nunca respondieron ante ningún juez de sus actividades represivas en los últimos años del franquismo.

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Más información en estos enlaces (muy recomendable la lectura del texto del poeta Luis García Montero):

Un comisario caído en desgracia. El País, 27/09/2010

La realidad y el deseo, Luis García Montero

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Una nueva voz

Es filóloga.

Es joven.

Tiene mucho que decir.

Su voz te llegará y llegará lejos.

Está aquí...

 

PS: Y está totalmente cuerda.

 


Cinco apuestas para hoy

Cuando esta tarde se acercó a echar las cinco apuestas de lotería primitiva que invariablemente juega todos los jueves, al otro lado del cristal blindado la mujer a la que llevaba varias semanas sin ver había vuelto.

El gesto mecánico de depositar el billete de cinco euros adquiría hoy un tinte extraño. La mujer se cubría la cabeza con un pañuelo de flores y deambulaba de un lado a otro como ensimismada en pequeños quehaceres.

Él no sabe nada de ella, apenas su nombre, que ha oído muchas veces en boca de otros clientes: Mamen. Pero esta tarde, sin saber por qué, ha pensado que tal vez tenga hijos, y al salir de aquí les hará algo de cena, tal vez comente con su marido algo sobre el calor que está haciendo en Madrid y más tarde se sentará delante de un televisor y parecerá concentrada en la pantalla, aunque su mente esté en otra cosa, acaso en nada.

La cola de clientes avanzaba hacia la ventanilla y él ha recordado el breve diálogo que ha mantenido con ella desde hace años casi todos los jueves:

—No tiene premio.

—Cinco apuestas para hoy, por favor.

—Suerte.

—Gracias.

Pero hoy no atendía la ventanilla y parecía estar ocupada en otra cosa al otro lado de la pecera. Ha sido otra mujer, más joven, la que lo ha atendido.

Cuando ha recogido su boleto y depositado el billete la ha mirado de soslayo, en busca de la expresión de sus ojos. Le hubiera gustado que lo hubiera atendido ella, como en otras ocasiones, y después del gracias haberle deseado a ella suerte, mucha suerte también.

José Emilio Pacheco, Las batallas en el desierto

José Emilio Pacheco, <em>Las batallas en el desierto</em>

 

    Aparece ahora en España, en la editorial Tusquets, esta novelita del mejicano José Emilio Pacheco, Premio Cervantes 2009, que fue publicada en 1981.

    El texto, breve (77 páginas), narrado en primera persona por Carlos, es una deliciosa evocación del mundo de la infancia del narrador-protagonista en México en los años inmediatamente posteriores al final de La Segunda guerra Mundial. Un mundo pequeño y pobre, de barrio de medio pelo, calles de tierra y carencias que ve cómo la clase dirigente se enriquece de forma ilícita.

    Ese es el mundo del niño Carlos, que nos va contando con prosa limpia. Y en ese mundo pequeño y cercano, ese universo de emociones, aparece el amor por Mariana. No puedo decirles más, pero imaginen lo que este breve texto emparentado con la lírica, y con un final propio de esos cuentos magistrales que dejan un buen sabor de boca en el lector, contiene. Una verdadera delicia, una pequeña obra maestra, que en alguna ocasión me ha hecho recordar al Me acuerdo de Georges Perec y a la única y desconocida novela breve de Julián Ayesta titulada Helena o el mar del verano (Edit. El Acantilado, 2000)

    Les confieso que tengo una cierta debilidad por esas sugerentes narraciones de evocación del pasado, de trayectoria elíptica, de ese mundo misterioso de la infancia y los sentimientos de felicidad, crueldad, sensualidad, a él asociados. Porque  son historias de breve trazo, incluso en ocasiones meros bocetos, que, como acuarelas, defienden su razón de ser auténtica frente a los grandes óleos de la novela.

    Pero nada mejor que empezar por el primer capítulo, aquí lo tienen. Y continúen, sin dudarlo…

 

 

José Emilio Pacheco, Las batallas en el desierto.

Edit. Tusquets. Barcelona, 2010. 77 pág. 10 €

Sin título I

 

 

Los linces no copulan cuando llueve

es un buen endecasílabo para un soneto ahora que el sol se enseñorea del paisaje.

El pasado es un negocio devaluado, la memoria le sale cara a más de uno. Para qué recordar, muchachos, con lo bonito que es el olvido.

Podría escribir los versos más tristes esta noche si tuviera ese estado de ánimo, pero no puedo evitar esbozar una sonrisa que me viene no sé de dónde.

Te tuve que decir no, lo hice por costumbre. El sí se me hace últimamente insoportable. No espero que lo puedas entender.

Déjalo, me dicen con frecuencia, el qué, respondo, es igual, insisten, tú déjalo.

Cada vez soporto menos los espejos, ni siquiera saben mentir.

Prefiero los ajustes de cuentos, sólo quiero que lo sepáis. Aunque estoy considerando muy seriamente prescindir de todo planteamiento inicial en favor del desarrollo y el desenlace.

Me dijo que sentía melancolía por su futuro. Cada vez entiendo menos a mis hijos.

La crisis nos agobia, se quejaba el dueño de la empresa, nos estamos acercando al límite en que el negocio deja de ser negocio. Lo miré y por un instante supuse que estallaría en carcajadas. Es lo que tiene el oficio de contable, me dije, perdemos el sentido del humor y el del amor (al prójimo).

A mí me gustaría saber qué piensa una cerveza

cuando le ponen una chapa en la cabeza.

 

Larga vida al libro

 

Sí, larga vida al libro. Y más en estos momentos en los que no faltan los agoreros de turno que pronostican que los nuevos soportes digitales acabarán con el libro tradicional. No lo creo. Y no lo creo porque estoy con Umberto Eco: hay objetos perfectos desde el momento mismo de su invención: la rueda, la cuchara, el libro...

Y el libro es un objeto perfecto. Convivirá tranquilamente con otros soportes, perderá terreno, pero no sucumbirá. Es más, me atrevería a decir que tal vez sea el único soporte con totales garantías de supervivencia. Dentro de cientos de años tal vez la información almacenada en formatos actuales no sea legible, como sucede ya con el video Beta, o VHS; quizás los CD o DVD de ahora sólo sean un inútil disco brillante de plástico, quizás ni eso: discos mates. Pero ahora podemos leer libros escritos centenarios. Ahí están, y ahí seguirán estando con otros muchos. Tal vez cambie la lectura, pero no cambiará el libro.

Y no sigo. Si lo hiciera, sus ojos podrían terminar como pelotas de golf. Pero abran las páginas de un libro y deslícense por sus palabras. Horas de placer garantizado. Déjate abrazar por las palabras, déjate acariciar por la lectura.

 

 

 

 

 

La venganza, la pena y el amor

La venganza, la pena y el amor

 

 

 

 

El amor no tiene origen, era antes del principio. El odio, en cambio, siempre tiene una causa.

 

    El sentido de una novela no se reduce a la valoración e interpretación puramente subjetiva que el lector hace en su lectura, sino que depende de un proceso de conocimiento. Y para que este se lleve a cabo, parece necesario saber datos del momento histórico en que lo narrado tiene lugar, pues la obra existe en un contexto concreto, así como aquellos aspectos estructurales del edificio narrativo que constituyen la parte formal de la novela.

    Dicho esto, podemos convenir en que muchos lectores actuales de novelas leen estas para poder entender mejor al hombre y al mundo, para, en última instancia, entenderse mejor a sí mismos. La literatura, entonces, y especialmente la novela, es no solo una fuente de placer, sino también de conocimiento para una parte importante de lectores que leen con un fin: encontrar el sentido de la obra, desechando una lectura superficial, para dejar que aflore el pensamiento del autor.

    En El relámpago inmóvil, novela de Pedro García Montalvo, lo narrado se articula en torno a esos ingredientes que hacen que el lector se sumerja en la lectura del texto buscando el sentido último del mismo; esos ingredientes son tres temas que cruzan la novela y la arman de principio a fin: la venganza, la pena y el amor. Temas que provocarán la reflexión en el lector y que lo llevarán más allá de la lectura del texto. Una novelas de esas que al pasar la última de sus páginas el lector siente que le ha dado algo, aunque no sea capaz de saber con exactitud qué es ello.

    La acción transcurre en Madrid, a lo largo de unos meses del año 2003, época en la que se entrecruzan dos historias que tienen como protagonistas a personajes de la burguesía acomodada de la ciudad: de una parte el maduro empresario financiero Cecilio Toval, y de otra el viejo senador Mateo Salazar. Toval se siente perjudicado por Salazar, quien en su condición de senador promovió una investigación sobre temas urbanísticos que ha afectado al empresario hasta el extremo de hundir a su familia; incluso uno de sus hijos se encuentra ingresado en un sanatorio psiquiátrico gravemente enfermo como consecuencia de una crisis nerviosa sufrida a raíz de la investigación que echó por tierra un negocio inmobiliario de su padre.

    Toval quiere vengarse del senador, al que considera fuente de todo sus males, y para ello no duda en hacerle daño a través de los seres más queridos de este, su hijo Adrián y su mujer, Inma, que conforman un matrimonio abatido por la pena de la pérdida reciente de sus dos hijas en un accidente mientras esquiaban en la sierra.  Este matrimonio está empezando a salir del pozo de dolor en que estaban sumergidos.

    La novela va creciendo en intensidad a medida que el lector se adentra en la historia y el armazón temático se va desplegando de manera poderosa: la venganza es el motor que alimenta los actos del empresario Toval, aunque a veces tenga dudas sobre ella; la pena honda ha anidado en el matrimonio formado por Adrián e Inma, y el amor entre ellos y hacia sus hijas es la única salida a su dolor.

    De nuevo la eterna lucha entre el bien el mal, lo premeditado y el azar, y el peso del pasado, que ejerce su influencia en los actos de todos los protagonistas.

    El relámpago inmóvil es una novela abierta a la esperanza y a la superación del dolor, pero también es una novela en la que se ponen de manifiesto las zonas oscuras de sus personajes protagonistas, en las que cada uno de ellos siente su propia soledad y palpa el sinsentido de la existencia. Seres en el límite que le hablan al lector de lo azaroso de la vida, de esas pulsiones que conducen la existencia por los derroteros de la felicidad o del tormento.

    Mención especial merece la última parte de la novela, el momento en que Toval decide, después de dudarlo, desencadenar de manera inmisericorde su venganza. A partir de ahí, la narración adquiere un ritmo diferente, y la técnica de las secuencias simultáneas y la viveza narrativa conducen el texto hasta el final de manera impecable.

    Esta novela de García Montalvo no defraudará al lector exigente, aquel que busca el sentido de lo narrado más allá de lo leído, para quien la lectura de un texto debe ir más allá del mero entretenimiento, aquel que no ignora que novelas como esta encierran de alguna manera una visión de la condición del hombre que el buen lector trata de descubrir en la lectura.

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Pedro García Montalvo, El relámpago inmóvil.

Editorial Destino. Barcelona 2009

357 pág. 19.50 €