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Leyendo a la sombra

Nunca se lee en vano

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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2005.

Expiación, novela de Ian McEwan

En su clásico ensayo sobre la novela, afirma Forster (1) que es esta un producto artístico que se rige por sus propias leyes, leyes que no son las mismas de la vida real; que el aspecto fundamental de una novela es la historia que cuenta, es decir, que la base de toda novela es la narración de unos hechos por una voz, la del narrador, que nos cuenta, desde un determinado punto de vista, la vida de unos personajes complejos que se van conformando a lo largo de la historia, personajes redondos los llama, y que en la desigual batalla que el argumento libra con los personajes, aquél a veces se toma una cobarde venganza, casi todas las novelas se debilitan hacia el final.
Todas esas afirmaciones, excepto la última, se cumplen a rajatabla en la novela de Ian McEwan Expiación (2), haciendo de ella una narración canónica.
Expiación es uno de esos textos que reconcilian al lector con la novela de calidad, la más exigente, aquella en la que late el aliento de las grandes obras. Una novela cuya lectura suscita emoción y que lleva al lector mucho más allá de la lectura, y a este respecto quiero recordar que Lewis sostenía (3) que en un sentido muy evidente toda lectura es siempre una evasión, pues cuando leemos nuestra mente se aparta durante un tiempo de la realidad que nos rodea para dirigirse hacia algo que sólo existe en nuestra imaginación o en la inteligencia. Ahí es a donde esta novela nos conduce: a la imaginación y a la inteligencia.
Expiación colma con creces las expectativas del buen lector, el que busca en la novela la existencia de un mundo autónomo, que se explique por sus propias leyes, leyes que se van configurando según y conforme se avanza en la lectura del texto, de tal manera que llega a percibir que tiene ante sí un complejo artefacto cuyas instrucciones de uso van incluidas en el mismo. Así, la lectura le depara al lector la presencia de personajes complejos, que se van armando también a medida que avanza la trama; personajes redondos, que nos introducen en un universo de pasiones y avatares que dan sentido a lo narrado y con las que el lector siente la experiencia de leer, de conocer vidas distintas a la que le ha tocado vivir, de saber sobre otros, conocer otros destinos humanos inciertos, a veces inexplicables.
Expiación es una novela que necesita una buena lectura, una lectura exigente, y les animo a que la hagan y disfruten de ella como yo he disfrutado. El esfuerzo tiene su recompensa: una novela sólo existe cuando el lector la lee, algo que se hace más que evidente en este caso.
Llegué a esta novela casi por azar, porque al verla en un expositor de la librería recordé los excelentes comentarios que sobre ella me había hecho un compañero de trabajo —gran lector, es inglés y había leído el texto original—, y después busqué algunas críticas en algún suplemento literario (Babelia, El Cultural de El Mundo, el del ABC, Espéculo.... Pensé entonces: si de esta novela se afirma que es buena, hay bastantes probabilidades de que sea una buena novela.
No querría juzgar la novela (¿lo he hecho ya?), sino describirla y compartir con ustedes el placer de su lectura. No esperen mucho más de estas líneas. Si me apuran, les diré, como mucho, que su lectura es absorbente y nos atrapa hasta el final. Final, por cierto, que desmiente a Forster totalmente, pues es ahí donde radica una parte de lo genial y extraordinario de la novela, pero sólo entenderán su verdadero significado cuando lleguen a él.
Si con esto no se ven tentados a leerla, poco más puedo decirles, pero imagínense una señorial casa de campo en Inglaterra, allá por el verano de 1935. Acaban de empezar las vacaciones y Briony, la hija menor de los Tallis, los propietarios de la mansión, se propone escenificar una pequeña obra de teatro para recibir a su hermano Leon que viene de la universidad a pasar unos días acompañado de un amigo rico. También ha vuelto, después de terminar el curso universitario, Cecilia, hermana de Briony y de la que está enamorado Robbie Turner, hijo de una de las criadas de la mansión y a quien el señor Tallis costea sus estudios superiores. Robbie es un hombre inteligente, ha sacado unas notas extraordinarias y quiere estudiar medicina.
En un momento de la mañana, Cecilia y Robbie están hablando junto a la fuente del jardín. Ella sostiene en su mano un valioso jarrón de porcelana, quiere llenarlo de agua para poner unas flores. Robbie le coje el jarrón para ayudarla pero el jarrón se parte y un par de fragmentos caen a la pileta. Cecilia le censura su acción, se quita el vestido y se meta en la fuente en ropa interior para recuperar los fragmentos. La escena ha sido contemplada desde una ventana de la casa por Briony.
A la tarde, invitan a Robbie a una cena en la casa. Antes de acudir, este le escribe a máquina una nota a Cecilia: «Sé que no sirve de excusa pero últimamente estoy de lo más aturdido contigo. ¿Cómo se me pudo ocurrir entrar descalzo en tu casa? ¿Y alguna vez he arrancado la boca de un jarrón?»
Después de leer la nota, sacó el papel de la máquina, metió otra hoja y escribió otra nota: «Te perdonaría si creyeras que estoy loco, por entrar descalzo en tu casa o romper tu jarrón antiguo. La verdad es que me siento bastante aturdido e idiota en tu presencia, Cee, ¡y no creo que el calor tenga la culpa! ¿Me perdonarás? Robbie.» Luego, al cabo de un rato de ensoñación —nos dice el narrador—, se inclinó hacia adelante y tecleó, antes de poderse contener: «En mis sueños te beso el coño, tu dulce coño húmedo. En mis pensamientos te hago el amor sin parar todo el día.»
Cuando Robbie se dirige, ya a la noche, a la casa de los Tallis a cenar, se encuentra por el camino a la pequeña Briony y decide darle la nota para que se la entregue a su hermana Cecilia. Apenas la niña echa a correr con la carta en la mano, Robbie se da cuenta de que lo que la niña lleva en el sobre es la segunda de las notas...
La intriga y la acción están servidas. ¿Qué el argumento les parece muy convencional? No se preocupen, la forma no lo es. Pero ahí no acaban las sorpresas de esta, digámoslo ya, excelente novela.
................
(1) Aspectos de la novela, E. M. Forster. Debate. Barcelona, 1995.
(2) Expiación, Ian McEwan. Anagrama. Barcelona, 2002.
(3) La experiencia de leer, C. S. Lewis. Alba Editorial. Barcelona, 2000.

Martes, 05 de Julio de 2005 23:36 #. Las lecturas del lector a la sombra Hay 3 comentarios.

¿Madrid 2012?

Madrid,
ruido, contaminación,
indiferencia,
todo, nada,
música, ruido, obras,
el Madrid oficial y el Madrid real,
el de las manifestaciones por la familia, el del orgullo gay,
el del 11-M (y el del 23-F)
el de Sabina, el de Aute,
el de Alberto, el de Esperanza,
el de Zapatero, el de Aznar,
el de todos, el de ninguno,
el de los pisos de mil millones (de pesetas), el de las chabolas,
el de los atascos interminables que ni siquiera Cortázar llegó a soñar en París,
el que me mata, el que nos mata, el que cada día muere un poquito al atardecer,
el de Quevedo, el de Cervantes, el de Cela, el de Umbral,
el de “No pasarán”, el de “Ya hemos pasao”
el sofisticado, el paletillo,
el que me sacia y el que me harta.
...
Hoy, miércoles 6 de julio, cuando apenas quedan unas horas para que se decida (¿o ya se ha decidido?) si esta ciudad de Madrid será (o no) sede olímpica en el año 2012, me pregunto si toda esa gente que anda por allá, en Singapur, rozando la gloria, habrán estado, aunque sólo haya sido de paso, en el infierno.
Se tarda sólo un ratito: desde el Palacio de la Moncloa, unos veinte minutos; desde la Zarzuela, no llegará a treinta; desde la Puerta del Sol, como una media hora...
Ya se sabe, Madrid es lo que tiene, enseguida llegas a cualquier parte.
Miércoles, 06 de Julio de 2005 00:07 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.


Madrid 2012 (II)

reloj de sol.jpgDespejada la incógnita, el líquido viscoso caliente y húmedo del fracaso y el desamparo comienza a instalarse en las zanjas de las obras de este Madrid agostado por los rigores del mes de julio. Se pega a las paredes, amortiguando los sonidos de la ciudad, de tal modo que el anterior bullicio apenas es ahora un oscuro rumor ahogado por el ruido sempiterno del tráfico de calles y avenidas.
Madrid es en este verano una ciudad que no tiene reparo en mostrar sus intestinos a una ciudadanía paciente y misericordiosa, en esa suerte de exhibicionismo impúdico que son las múltiples obras con las que el Ayuntamiento tiene a bien recordarnos el poder omnímodo de las excavadoras: el gran monstruo enseña sus tripas.
Si el ladrillo, y por ende la construcción, representan una parte de nuestra economía, tanto la flotante y boyante como la sumergida y también boyante, la pregunta que flota en el aire es: ¿qué dirá ahora el trust de la construcción ante este fiasco? ¿Dónde estará ahora el gran negocio? Observen las caras de los mandamases del cemento, como Florentino Pérez, ¿por qué no dejan de sonreír?
Estas y otras preguntas me empiezan a calentar la cabeza. No me quedará más remedio que seguir a la sombra, eso sí: leyendo, y para no despistarme demasiado me llevo mi relojito de sol de pulsera. Claro que para saber la hora tendré que abandonar la umbría. ¡¡Uf, qué pereza!!
Miércoles, 06 de Julio de 2005 16:47 #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Las gafas de Platón, novela podcast

Son las 00:00 horas del primer día de la era postmadrid2012. Estaba a puntito de meterme en la cama a leer el libro que tengo entre manos: Diálogo con la muerte. Un testamento español de Arthur Koestler y curioseando por aquí, por allá y por acullá en este territorio todavía casi ignoto de los blogs me acabo de encontrar con la existencia de una novela podcast titulada Las gafas de Platón.
Si alguno de ustedes piensa que el género narrativo estaba tocado y a punto de hundido, como hace tiempo que afirman algunos agoreros --Eduardo Mendoza dixit, sin ir más lejos--, olvídenlo. Las gafas de Platón abre una nueva vía, un nuevo camino, tal vez una brecha, que estas cosas no se sabe ni cómo empiezan ni cómo acaban. Lo mismo a los de la ONCE les interesa.
Hoy la noche ha caído sobre Madrid más negra que ayer. Los gatos han desaparecido, y los pocos que quedan, si es que aún queda alguno, no sienten nostalgia de Valle-Inclán ni de Max Estrella. A lo lejos no se escucha ese horizonte de perros que ladra lejos del río.
Acaba de empezar un nuevo día, el primero de la era postmadrid2012, y quiero empezarlo leyendo, no a la sombra, que es de noche, pero sí en la cama.
Jueves, 07 de Julio de 2005 00:24 #. Miscelánea No hay comentarios. Comentar.

Las zapatillas de Sebastian Coe

Zapatillas de Coe.jpgViendo las zapatillas de andar por casa de Sebastián Coe tal vez podamos entender, en parte, el papel que este hombre ha tenido en la designación de Londres como sede olímpica. Tuvo que moverse mucho y bien por los entresijos del COI con esas zapatillas.
Son las 16:13 horas del primer día de la era postmadrid2012 y no quisiera parecer excesivamente frívolo en estos momentos dolorosos para los londinenses. Vivo en Madrid y recuerdo el día del atentado de los trenes. Aquel día, el 11-M, estaba dando la primera clase, a las ocho. Me faltaron algunos alumnos, luego fueron llegando y hablaban de algo horroroso. El resto ya lo conocen.
Tal vez los gobiernos británico y español estén distantes, el poder también comporta ciertas dosis de soberbia, pero a esas gentes que hemos visto en los informativos, arropados en mantas, tumbados en el suelo, con la mirada perdida, aturdidos, heridos, temerosos, los sentimos próximos, vecinos, los hemos visto aquí. Son los mismos. Siempre son los mismos, la dimensión universal del dolor y el sufrimiento.
Atocha, hoy, se ha vuelto a estremecer. Los trenes pasan tristes.
Jueves, 07 de Julio de 2005 23:10 #. Miscelánea Hay 1 comentario.

Bernahrd Schlink, El lector

Bernahrd Schlink es un conocido escritor alemán de novelas policíacas de gran éxito, y que publicó hace unos años un libro de cuentos que contó con el reconocimiento de la crítica: Amores en fuga (Anagrama 2002), del que el lector interesado puede leer en Internet el primer relato, La niña de la lagartija.
Pero hoy vamos a comentar una novela, su primera novela fuera del género policiaco, El lector (Anagrama, 1997), y cuya lectura me parece bastante interesante pues aborda de una manera un tanto original uno de los problemas de la sociedad alemana de posguerra, el de la culpa por las atrocidades cometidas por los nazis y la pasividad de gran parte de esa sociedad ante lo que estaba sucediendo.
Es éste un tema que recientemente ha empezado a interesar en España, y que creo que, en parte, ha contribuido a la revisión que se está haciendo de ciertos aspectos de nuestra guerra civil, la posguerra y el franquismo, como dan cuenta los abundantes títulos que tanto en novela, como en historia y ensayo se han publicado sobre este aspecto de nuestra historia reciente; la bibliografía no hace sino aumentar cada año, y aspectos como los presos y las prisiones, las represalias, los juicios y consejos de guerra, etc., se tratan en libros cada vez más necesarios.
El lector está narrada en primera persona por un narrador que relata un suceso que le aconteció cuando contaba quince años y que de alguna manera le marcará y le afectará en su forma de pensar como adulto. Ese suceso está presente desde el principio de la novela, pero el lector de la misma no conocerá su auténtica dimensión prácticamente hasta el final (tal vez aquí podamos encontrar una influencia de la novela de género que el autor practica con tan buenos resultados). En el capítulo 9 se dice: “¿Por qué me pongo tan triste cuando pienso en aquellos días? ¿Será que añoro la felicidad pasada? [...] ¿Por qué lo que fue hermoso, cuando miramos atrás, se nos vuelve quebradizo al saber que ocultaba verdades amargas? ¿Por qué se oscurece el recuerdo de unos años felices de matrimonio cuando nos enteramos de que el otro tuvo un amante durante todo ese tiempo?” La mirada retrospectiva organiza el relato y le da sentido.
El tiempo evocado se sitúa, aproximadamente, en los años cincuenta, en Alemania Occidental. En esa época, un muchacho de quince años conoce a Hanna, una mujer ya madura, de unos treinta y seis años. El adolescente y la mujer entablan una relación amorosa, y eso es básicamente la novela, una historia de amor, pero hay algo en esa mujer que hará que la historia dé un giro inesperado.
El lector es, como digo, una original historia de amor que tiene como trasfondo la negrura del nazismo. A eso me refería cuando decía que la novela trataba de la actuación de los alemanes ante el nazismo, del sentido de la culpa, y es una reflexión sobre ciertos comportamientos y el sentido de la justicia. Es, en suma, una manera distinta de acercarse al conocimiento de esos aspectos, una manera literaria, no lo olvidemos, pero que resulta válida y puede funcionar perfectamente como complemento a los ensayos históricos.
En lo que conozco, tal vez el mejor escritor alemán que ha escrito sobre los rastros de la guerra en la sociedad alemana, una sociedad que no puede olvidar del todo y a la vez quiere redimirse y expiar sus culpas, sea Wolfgang Koeppen, con la trilogía constituida por Palomas en la hierba, El invernadero y Muerte en Roma, auténticas obras maestras. Pero como una primera aproximación literaria a este tema recomiendo la lectura de El lector, de Bernahrd Schlink.
Miércoles, 13 de Julio de 2005 00:10 #. Las lecturas del lector a la sombra Hay 3 comentarios.

La vida es lo que te pasa mientras haces planes para otra cosa

Sam Shepard.jpgSam Shepard (Gil Ivy. Fort Sheridam, Illinois, Estados Unidos 1943) se dedicó hasta los dieciocho años a la cría de caballos en su ciudad natal. Después de instalarse en Nueva York, empieza a escribir teatro y estrena Cowboy en 1964. Durante la segunda mitad de la década de los sesenta sigue escribiendo teatro, viaja sin parar por todo el país y toca la batería en el grupo Acid Rock. En los setenta escribe algunos guiones de cine, entre los que destaca el de Zabriskie Point (1970) de Michelangelo Antonioni, y debuta como actor de cine. Por esa época obtiene el Pulitzer por su obra de teatro Buried Child (1979). En los ochenta continúa escribiendo teatro, se casa con la actriz Jessica Lange, con la que protagoniza algunas películas y debuta como director. Es autor del guión de la magnífica París-Texas (1984) dirigida por Wim Wenders.
El escritor, guionista y director de cine Sam Shepard es autor de El gran sueño del paraíso, un excelente libro de cuentos —dieciocho en total, algunos, muy breves, ocupan dos o tres páginas— en los que se centra en la psicología de personajes olvidados por del gran sueño americano de una manera contenida y escueta, sin digresiones superfluas, lo que el lector agradece como una bendición en estos días de exagerado calor.
Los personajes sin nombre que habitan en este libro no fueron elegidos para la gloria, sino para el fracaso. El gran sueño del paraíso también produce soledad, desengaño y fracaso, y como reza el cartel de un bar en el que sirven alitas de pollo: “La vida es lo que te pasa mientras haces planes para otra cosa”.
En estos días del riguroso mes de julio, leer a la sombra los cuentos de Shepard, no es una actividad refrescante precisamente, pero sí muy estimulante, pues el buen lector intuye que hay algo que se le escapa en esos cuentos, y en efecto, lo hay, y eso es precisamente lo mejor, lo que uno percibe que se deja atrás y le hace reflexionar sobre lo leído. Mientras, el calor lo derrite todo ahí fuera. Si pueden, no se lo pierdan.
..........
El gran sueño del paraíso, Sam Shepard. Edit. Anagrama. Barcelona, 2004. 172 páginas.
Viernes, 15 de Julio de 2005 21:36 #. Las lecturas del lector a la sombra Hay 2 comentarios.

Cambio de sombra

Playa.jpgEn efecto, el sábado cambio de sombra. Carretera y manta.
Además, como es preceptivo, sombrilla —por aquello de la sombra—, y libros, que no pueden faltar en el equipaje veraniego. Cambiaremos los calores madrileños por los mediterráneos, y el mar, sobre todo el mar. En esa playa, más o menos, planteremos las sombrillas y lectura y bañito.
¡Qué placer leer a la sombra oyendo el rumor del suave oleaje! ¡Qué relajante sensación levantar la vista del libro y dirigirla al horizonte, donde mar y cielo se unen juanramonianamente! (el avezado lector ya habrá reparado que estoy hablando de una situación ideal, algo así como el locus amoenus playero. Ya veremos...).
Bueno, estimados lectores, ya les hablaré a la vuelta de mis lecturas y otras cosas dignas de mención.
Un saludo afectuoso del lector a la sombra.
Viernes, 15 de Julio de 2005 21:30 #. Miscelánea Hay 4 comentarios.


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