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¿Problemas con el libro?

    Ciertamente, es fácil imaginar los problemas que algunos torpes monjes tuvieron que tener en los primeros momentos de la llegada del libro a los monasterios. Por ello, no es de extrañar que se tuviera que crear la figura del monje ayuda de escritorio.


Sábado, 06 de Octubre de 2007 16:57 El lector a la sombra #. Miscelánea Hay 5 comentarios.

John Boyne, El niño con el pijama de rayas

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Entre los libros de ficción más vendidos en las últimas semanas está El niño con el pijama de rayas, de John Boyne (Dublín, 1971). Es una novela que tiene como tema el Hocausto, pero esta vez la novedad está acaso en que el texto va dirigido a jóvenes lectores.

    Ahora que han visto la luz en estos días las novelas Las benévolas, de Jonathan Littel (Edit. RBA. Barcelona, 2007. 992 páginas) y Los hundidos, de Daniel Mendelshon (Edit. Destino. Barcelona, 2007. 709 páginas) y con el recuerdo todavía fresco de Suite francesa, la magnífica novela de Irène Nèmirovsky, no deja de resultar cuando menos curioso que esta novelita, de poco más de doscientas páginas y dirigida a un tipo de lector tan concreto, se haya encaramado al número uno de la lista de ventas de las últimas semanas.

    El niño con el pijama de rayas es una novela bastante plana, con un lenguaje deliberadamente infantil, en la que se narra la historia de Bruno, un niño de nueve años cuyo padre es un militar de alta graduación en el ejército alemán. Bruno vive con sus padres y su hermana Gretel en Berlín, protegido por esa seguridad de pertenecer a los elegidos, aunque él no sepa muy bien qué significa eso. Pero un día su padre, que es uno de esos elegidos para los que está reservado el porvenir, es trasladado por “el Furias” como jefe a un extraño lugar, lejos de la ciudad, feo y gris, en mitad de ninguna parte, que el niño llama "Auchviz". Cuando Bruno mira por la ventana ve una alambrada, ya no ve las calles y jardines de Berlín que tanto le gustaban. Aburrido, decide investigar por su cuenta, pues es un auténtico explorador al que le interesa conocer qué hay detrás de esas alambradas, en donde ha visto a hombres vestidos con un pijama de rayas. Es así como encuentra a Shmuel, un niño de su misma edad, con el que se verá a escondidas, ya que Bruno solo quiere tener un amigo con el que jugar. Esos encuentros casi diarios terminarán en un final que quiere ser sorprendente, y que no hace falta ser muy perspicaz para intuir.

    Si el lector busca el impacto del campo de concentración en un niño, o el despertar a una realidad brutal y criminal y por tanto incomprensible, o la toma de conciencia, no lo encontrará en el texto, pero lo puede añadir en su lectura. La contextualización de lo narrado no es difícil.

    Una buena parte del mérito de esta novela está en haber acercado el tema de la Shoá a los lectores jóvenes —que muy posiblemente se acerquen también al diario de Ana Frank—, y tal vez haga nacer en ellos un interés por esta cuestión que les lleve más adelante a leer otro tipo de libros. Por otra parte, el autor tampoco es un superviviente, como ocurre con estos textos, pero lo que realmente hace falta es saber contar una historia con una mínima dosis de talento, y eso sí parece que lo hay en John Boyne.

    Lo literario de esta novela (y he de reconocer que no es mucho) no le viene de la mezcla entre verdad y ficción, como reclama Jorge Semprún, para que el lector no sólo se informe sino que comparta los sentimientos de los testigos. Aquí todo es ficción, pero el fondo en el que late la historia es verdad.

    Lo meritorio del texto, repito, es acercar el tema del Holocausto a los jóvenes a partir de los trece o catorce años; y por las cifras de ventas, se evidencia claramente que el libro también está llegando a un público adulto. Me pregunto si este público no se dejará conmover excesivamente por lo que de sentimental hay en el texto y será capaz de llegar a una reflexión más profunda y a otras lecturas y comprenderá lo que Annah Arendt denominó la banalidad del mal.

    Pero esto ya es otro debate, mucho más complejo, que abarca a otras representaciones artísticas de la barbarie nazi: ¿es posible poder representar lo que fue el Holocausto con películas como La lista de Schindler (1993) o también es posible hacerlo con La vida es bella (1997)?

    Este dilema lo podríamos trasladar perfectamente a la Literatura. No obstante, hemos de reconocer algo indubitable: la contribución al conocimiento y comprensión del Holocausto de la película de Spielberg, que ha dado lugar a toda una representación mental del mismo.

    La francesa Charlotte Delbo puso estas palabras al frente de su monumental Auschwitz y después (Edit. Turpial. Madrid, 2004. Tres volúmenes): “Hoy no estoy segura de que lo que he escrito sea verdad. Estoy segura deque es verídico.” Que el lector atento no lo olvide.

    Como contrapunto, en este video pueden ver al “Furias” en su refugio de verano, el Nido del Águila. Sonrisas, sol, aire puro, charlas, paseos…

 

John Boyne, El niño con el pijama de rayas

Edit. Salamandra. Barcelona, 2007.

219 páginas. 12.50 €.

 

 

Miércoles, 31 de Octubre de 2007 21:32 El lector a la sombra #. Las lecturas del lector a la sombra Hay 15 comentarios.


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